División de la Tierra de Ayala

El 29 de octubre de 1841, en Vitoria, El General Espartero, Regente del reino, firma un decreto que ordena que los Ayuntamientos de las 3 provincias vascas se organicen con arreglo a las leyes y disposiciones generales de la Monarquía española, verificándose las elecciones en el mes de diciembre de ese año y tomando posesión los elegidos el primero de enero de 1842.
Este decreto es el origen de los 4 Ayuntamientos actuales en los que están repartidos los 36 pueblos que formaban antiguamente la Tierra de Ayala, aunque al principio no se dividieron como son ahora.
Para la fecha que indica el decreto de Espartero se habían formado el Ayuntamiento de Oquendo, los Ayuntamientos que luego fueron absorbidos por el de Ayala, de la Sopeña, Menagaray y Llanteno, y el Ayuntamiento de Lezama con los 8 pueblos que formaban su cuadrilla, de los que posteriormente Izoria y Etxegoien se agregaron a Ayala. Amurrio también formó Ayuntamiento sin ningún pueblo añadido.
A raíz de la formación de los Ayuntamientos que se ha indicado más arriba, se recibió un comunicado en Respaldiza de la Diputación Provincial de Álava en desacuerdo con los Ayuntamientos formados e indicando que pueblos formarían el Ayuntamiento de Ayala: Respaldiza, Sojo, Llanteno, Costera, Retes de Llanteno, Ervi, Añes, Lejarzo, Lujo, Beotegui, Menagaray, Zuaza, Quejana, Oceca, Menoyo, Aguiñiga, Madaria, Salmanton, Murga, Luyando, Olavezar, Izoria, Echegoyen y Maroño. La Diputación también indica que siga sin alteraciones el disfrute de los derechos comunes y aprovechamientos de montes, pastos, aguas, canteras usos y costumbres y demás derechos comunes que tenían antes de la creación de los Ayuntamientos.
Los 24 pueblos fueron distribuidos en 9 distritos o zonas para cada una de las cuales se designó un elector.
Los pueblos de Mendieta, Retes de Tudela, Santa Coloma y Sojoguti que formaban desde hacía varios siglos la Junta de Ordunte con Arceniega para el aprovechamiento de sus montes comunes, se agregaron a la villa de Arceniega que tenía categoría de Ayuntamiento desde 1838.
Al dividirse la Tierra de Ayala en cuatro Ayuntamientos y ser agregados al Ayuntamiento de Arceniega los cuatro pueblos de la Junta de Ordunte, Sierra Salvada, que era común a los 36 pueblos, fue dividida únicamente para el aprovechamiento de arbolado, quedando en comunidad los aprovechamientos de pastos, aguas, boñigas, canteras y caminos de servidumbre.
La Tierra y Provincia de Ayala/Vicente Francisco Luengas Otaola

Lejarzo

Se encuentra este pueblo, perteneciente al municipio de Ayala, situado al pie de Sierra Salvada, en una de las rutas que desde Castilla, tras haber bordeado el pico del Aro, buscaban su salida al valle de Ayala y al mar.

Es uno de los lugares más antiguos entre los documentados en el medievo ayalés. Aparece en el convenio acordado entre el obispo de Calahorra Don Pedro y los vecinos de Ayala en el momento de la consagración de la iglesia de San Pedro de Llodio en el año 1095; y dos décadas después, en 1114, en la donación al monasterio de San Millán de la iglesia de Obaldia (hoy Madaria), otorgada por Diego López de Lexarzo, apellido toponímico originario de este lugar.

A mediados del siglo XVI contaba con 14 vecinos y tres clérigos beneficiados al servicio de su iglesia de San Román. Por estos mismos años, Rodrigo de Herrán, Protonotario Apostólico "que regularmente le dan el título de Inquisidor", dejaba vinculados sus bienes raíces situados en el lugar y en otros próximos, a un aniversario de 30 misas que fundaba en la parroquia de San Román.

Sin embargo, el mayor benefactor de la iglesia de Lejarzo fue el capitán Diego Fernández del Campo, natural del lugar, que hacia mediados del siglo XVII embarcó a la Indias. Sirvió al rey en Perú, donde residió en la Ciudad de los Reyes y, ya rico, murió en Panamá. El capitán hizo testamento en Lima el 7 de junio de 1675, dejando 48.000 reales para levantar la iglesia de Lejarzo con su sacristia y campanario y dotarla de un retablo dorado para el titular San Román, erigiendo además una capilla dedicada a la Purísima Concepción con sacristía propia; debía fundarse además una capellanía de 3 misas semanales, para que la gozase como patrón su hermano Domingo Fernández del Campo y, después sus descendientes.

El descenso del vecindario de Lejarzo comenzó a acusarse ya en el mismo siglo XVI; a mediados de este tenía, como hemos visto, 14 vecinos, siendo 8 en 1727, 9 en 1748, 46 habitantes en el censo de 1786, 7 vecinos al comenzar el siglo XIX y 6 y 26 habitantes al mediar el mismo. A comienzos del siglo XX contaba con 28 habitantes, reducidos a 18 en 1910. En 1970 tenía sólo 16 habitantes. En la actualidad únicamente viven 2 familias en Lejarzo.
Catálogo Monumental de la Diócesis de Vitoria, tomo VI. Micaela Portilla

El campo de Zaraobe (Saraube)

En el centro del Condado de Ayala y a un cuarto de hora de Amurrio y tres aproximadamente de Respaldiza, sobre un pintoresco collado que da hermosas vistas a todos los puntos cardinales se encuentra el campo que nos ocupa titulado Saraube. Campo importantísimo porque en él se reunían los infanzones, escuderos, fijos-dalgos del solar ayalés para tratar de los asuntos pertenecientes a la administración de su amadísimo país desde luengos siglos.

Allí tomaron asiento los condes que sucedieron en el estado; allí también los nobles de las Casas-solariegas: en él no existieron nunca muebles ni asientos donde se recostaran ni reclinaran los gobernadores que elegidos por la suerte se habían de dedicar al régimen y gobierno de sus queridos vecinos: sillares de piedras labradas eran los escaños y una grande mesa de igual clase en el centro: he aquí los objetos que adornaban el punto de reunión de Saraube.

Ningún techo ni amueblaje había: un cuadro perfecto formado por no elevadas paredes y en una la entrada, cerrada sólo con verja de hierro en sencillo marco de sillería: sólo el hermoso cielo que en su extenso horizonte se divisa en todas direcciones.

Así, allí, en pública reunión, siendo testigos de sus actos el cielo y la tierra y demás obras del Omnipotente Dios, que contemplándose satisfechos desde la eminencia del lugar, embarga los sentidos del hombre pensador, prestaron juramento de cumplir bien y fielmente sus cargos aquellos nobles ayaleses de imperecedera memoria, muchos siglos antes que el nuestro, y sin interrupción todos los años.

La eleccción de las justicias de Ayala se hacía el día de San Miguel Arcangel de cada año y ésta consistía en 5 alcaldes, 5 diputados, un procurador general 2 diputados personeros del común, denominados después "Alcaldes de hermandad" y un tesorero general distribuidos por los pueblos por turno, y a calidad de que, para evitar las controversias que producían los bandos, si el alcalde era oñacino, el diputado fuese gamboino.

Para la distribución de los mandos y gobierno, todo el condado se dividía en 5 cuadrillas y cada cuadrilla tenía su alcalde y diputado. Estas cuadrillas eran las siguientes:

1ª Cuadrilla de la Sopeña. Sus pueblos eran: Respaldiza, Maroño, Aguiñiga, Madaria, Salmanton, Menoyo, Oceca, Lejarzo, Añes, Sojo, Erbi y Lujo.

2ª Cuadrilla de Lezama: Barambio, Astobiza, Larrimbe, Lecamaña, Saracho, Echegoyen, Lezama e Izoria.

3ª Cuadrilla de Amurrio: Amurrio, Olabezar, Murga y Luyando.

4ª Cuadrilla de Llanteno: Llanteno, Quejana, Menagaray, Retes de Llanteno, Costera, Mendieta, Retes de Tudela, Sojoguti y Santa Coloma.

5ª Cuadrilla de Oquendo: Beotegui, Zuaza y Oquendo.

La elección se hacía por los justicias del año anterior por rigurosa insaculación y previo juramento que prestaban ante el procurador general y fe extendida y firmada de un escribano en clase de secretario, pudiendo asistir al acto todos los vecinos, a cuyo efecto se hacía la convocatoria y además a repique de campana en todos los pueblos.

Constituidos los electores en el Campo de Saraube, y previo todo el ceremonial, recibía cada elector un cascabel de plata en el cual introducía el nombre del candidato para alcalde o diputado; todos los dichos cascabeles se introducían luego en una urna por el procurador general, y cuya extracción hacía luego un niño de corta edad. Hecho el escrutinio, eran proclamados los que tenían más votos y su proclamación victoriosa se anunciaba en el acto con una nutrida descarga de armas; pero los elegidos no tomaban posesión hasta el día primero de enero siguiente.

El acto de la toma de posesión tenía lugar en la iglesia de Santa María de la Asunción de Respaldiza, donde comparecían los elegidos y prestaban juramento con las manos sobre los evangelios y en presencia de un crucifijo. La fórmula era ésta: El procurador general decía "¿Jurais, por Dios Nuestro Señor, cuya imagen teneis presente, y los Santos Evangelios, guardar y hacer guardar los fueros, usos y costumbres del país y los capítulos de la ordenanza?". La respuesta debía ser afirmativa.

Historia del Condado de Ayala/ Santiago de Mendia (1892)

José Aldama Irabien

Nació en Quejana, de una de las familias más importantes de la tierra de Ayala. Su padre había sido corregidor de Burgos y de Béjar y alcalde mayor de la Isla de León y su hermano tuvo una brillante carrera militar, siendo capitán general de Baleares en 1839 y de Madrid en 1840, senador vitalicio y caballero de Carlos III.

Licenciado en Derecho y abogado, ejerció como tal en Vitoria hasta su muerte en 1837. Se casó en 1822 con Casilda de Ugartebidea y Unzueta y tuvieron un único hijo. Participó activamente en la vida política alavesa desde finales del siglo XVIII, tanto en la administración militar como en la político administrativa. Firme defensor de la legalidad constitucional, reaparece siempre en los periodos constitucionales como hombre de confianza. Fue el primer director del Boletín Oficial de Álava y uno de los redactores del Correo de Vitoria. Murió en 1837 durante una revuelta militar.

Entre sus cargos políticos fue Secretario de la Provincia y Secretario del jefe Político de Álava, además de encargarse de la gestión de diversos asuntos como la incorporación de mozos a filas, revisar la Compañía de cazadores, redactar los cuadernos de población y organizar nuevos ayuntamientos constitucionales en el valle de Losa. De resultas de esta gestión, en 1823 se establecen los ayuntamientos de Berberana, Villalba de Losa y Villacián.

En 1812 fue nombrado Padre de la Provincia, junto con Emeterio de Ordozgoiti y Manuel Ignacio Ruis de Luzuriaga. También fue diputado en Cortes, sustituyendo a Manuel de Arostegui, y se le otorgó poder para representar a las Juntas Generales como comisario en Corte. El 28 de agosto de 1836 fue nombrado por el gobernador militar de Álava, José Mauri, miembro de la Junta Provincial interina compuesta por los individuos que pertenecían a la Diputación alavesa constitucional en 1823: Justo Basáez, y José Esteban de Bustamante. Se le ve como consultor y asesor jurídico desde agosto de 1836.

Diccionario biográfico de los Diputados Generales, Consultores y Secretarios de Gobierno de Álava (1800-1876). Varios autores (Mikel Urquijo, director)

El euskera en Luyando

Luyando fue el último pueblo del municipio de Ayala en el que se habló euskera.
Ayala, al igual que el resto de Álava, perdió el uso del euskera tempranamente. Su cercanía y continuo contacto con Castilla y, posteriormente, la llegada de maestros y curas que no conocían este idioma o no consideraban útil el usarlo, parecen ser las principales causas de la desaparición de la lengua vascongada en nuestra zona.
Esta pérdida se produjo en primer lugar en la zona más en contacto con el pueblo de Angulo y el valle de Mena (Sojo, Añes, Lejarzo...), como lo demuestra la escasez de toponimia en euskera, y fue avanzando hacia el noroeste.
En Luyando, según se deduce del testamento de Francisco de Arana y Andraca, en 1734 todavía la mayor parte de la población habla en vascuence e ignora el castellano, motivo que le lleva a enviar al pueblo un "sacerdote bascongado" para que explique la doctrina cristiana en este idioma.
Sin embargo, a comienzos del siglo XIX la situación ha cambiado totalmente. En 1806 se da una sentencia del Provisor de Calahorra, confirmada posteriormente por los Provisores del Arzobispado de Burgos, por la que se favorece la utilización del castellano en la predicación, lo que induce a pensar que es esta lengua la que predominaba en Luyando en ese momento, aunque todavía se mantiene el euskera en algún caserío por lo menos hasta principios del siglo XX. En 1950 se constata un hablante de euskera.
Posiblemente la causa de que esta lengua se mantenga en Luyando más tarde que en el resto de Ayala esté en su cercanía y contacto con zonas euskaldunes (Llodio, en especial su barrio de Gardea, y Orozko).
Datos para la historia del euskera en Luyando-Ayala. José Iturrate y Ricardo Uzquiano. Boletín de la Institución Sancho El Sabio

Los límites de Ayala

Los límites geográficos del valle alavés de Ayala y del burgalés de Losa están indicados por las cumbres de la Sierra Salvada; sin embargo, los términos jurisdiccionales de Ayala avanzan considerablemente por la vertiente meridional de aquellas montañas, no sin que la protesta de los losinos se haya manifestado con frecuencia en actitudes violentas y pleitos ruidosos, originados por el no disimulado encono que en ellos producía el dominio que sus vecinos se atribuían de los sabrosos pastos que se producen en la zona litigiosa.
Allá, a comienzos del siglo XV, se manifestó una vez más el empeño de los burgaleses de arrebatar a las aldeas de Ayala la pacífica posesión de tales terrenos; alentábales a ello un cierto conde, cuyo nombre no ha recogido la posteridad, que residía en Villaño. Acaudillaba a los ayaleses el bravo Conde de Salazar, D. Tristán de Orive Salazar, señor de la casa-torre de Sojo, quien propuso a su rival que la solución de las añejas cuestiones que dividían a losinos y ayaleses quedase confiada a una lucha hípica, en la cual habían de contender ambos condes, montados en fogosos caballos; consistiría la pugna en rodear la Sierra, jalonándola en determinados parajes con hitos que señalarían para siempre los términos respectivos de los dos valles.
Aceptada esta fórmula por el prócer villañés, pudo D. Tristán recorrer a su antojo cuanto terreno quiso y apoderarse de él, sin tropezar con su adversario; el recorrido habría de hacerse en un día solar, y salió de mañana el señor de Sojo, acompañado de su escudero; dejó a la izquierda el frecuentado paso del Aro y rebasó las cumbres de la cordillera, penetrando por el portillo de Labate; siguió luego el contorno de los riscos hasta llegar a Lobera y allí fijó el primer mojón; continuó su ruta, y sin detenerse en el llamado Salto del Agua, se dirigió al pozo de Mandagoa y luego a Costantiego y al pozo de Calderón; en los tres lugares dejó señales de su paso; marchó por la ladera de Gustillas, donde hincó un hito y en línea recta avanzó hasta lo que hoy se llama el Mojón Alto y allí plantó el último, en punto confinante con jurisdicción vizcaina. Fatigado el caballo que montaba D. Tristán, emprendió éste su regreso, dirigiéndose a Villaño, donde, a la sazón se hallaba su rival, tan descuidado, al parecer, como las viejas de Abornícano y Goizueta.
Pero no; el conde losino había tomado sus previsiones, que le resultaron fallidas. Apostó hombres armados, hasta el número de treinta, en la subida del Aro para impedir la entrada de los ayaleses en la Sierra; pero como ya se ha dicho, D. Tristán no tomó aquel camino, sino el de Labate, burlándose así, aunque acaso sin pretenderlo, de la maniobra urdida por su enemigo; mas si a él no pudieron matar los asalariados del prócer burgalés, despeñaron a tres pobres alaveses que tuvieron la malhadada ocurrencia de pasar por aquel sitio. Este triple asesinato costó a los de Losa fuerte multa, con cuyo importe se hizo una fundación de misas que habían de celebrarse en el Convento de Dominicas de Quejana. Se me dice que su número ha sido reducido recientemente por el señor Obispo de Vitoria, a causa de lo bajo del estipendio y de la carestía actual de la vida; he procurado comprobar este dato, pero no me ha sido posible; no desconfío de conseguir alguna vez lo que ahora no he logrado y entonces quizá sea fácil averiguar lo que de cierto e histórico haya en lo que hoy no tiene otro alcalce que el de una tradición.
Bonifacio de Echegaray Corta. Revista Internacional de los Estudios Vascos (1927)

Ayaleses en Madrid

Numerosos ayaleses se vieron obligados, en tiempos pasados, a emigrar. Su principal destino era América, pero hubo otro lugar que también les atrajo: Madrid, la capital del reino, la cual ofrecía importantes ventajas.

La emigración de los ayaleses a Madrid es, sin embargo, distinta en algunos aspectos a la de ultramar. A esta ciudad llegaron más mujeres que hombres (habitualmente solteras que entrarán a formar parte del servicio doméstico madrileño), además los varones presentaban una cualificación profesional más variada que los que se embarcaban hacia América.
En otros aspectos, la emigración seguía las mismas pautas que hacia otros lugares. Normalmente el joven emigrante viajaba a la capital contando con la ayuda de algún pariente o paisano ya establecido, que le proporcionaba su primer trabajo y, con mucha frecuencia, también la vivienda.
De los pueblos de Ayala: Luyando, Llanteno, Menagaray, Respaldiza y Murga fueron los principales suministradores de emigrantes a Madrid, muchos de los cuales envejecieron en esta ciudad. Allí lograron alcanzar una posición social, fundar una familia mediante un matrimonio cuyo otro contrayente no solía ser originario del país Vasco, e integrarse plenamente en la sociedad madrileña.
No obstante, la memoría de la "patria chica" se mantuvo viva entre ellos gracias a la congregación de San Ignacio (fundada en 1713 con carácter benéfico-religioso y que servía de punto de unión de los vascos de las 3 provincias residentes en Madrid) y, sobre todo, a la relación que siguieron manteniendo con la familia que quedó en la localidad de origen. Eran frecuentes los legados hechos en testamento a favor de personas e instituciones de aquí. Por otra parte, casi todos los emigrados que consiguieron acumular una cierta riqueza compraron bienes en su lugar de origen.
Los censos de población de Madrid entre mediados y finales del siglo XIX nos hablan de la presencia de entre un 50 y un 60 % de inmigrantes. Durante el siglo XVIII, la mayor parte de ellos provenía de la zona centro-norte (País Vasco, Santander, Burgos y La Rioja). En el siglo siguiente su número desciende. Ahora bien, a pesar de la menor presencia genérica de vascos, al analizar la composición de los hombres de negocios, se observa que en torno a un 34 % eran vascos.
El sector mercantil estaba dominado por negociantes de origen francés y los vasconavarros, y dentro de este grupo destacó el llamado "grupo de Llanteno", un conjunto de familias y casas de comercio que, provenientes de diferentes localidades del valle de Ayala, se habían asentado en Madrid desde mediados del siglo XVIII y que llegaron a formar un grupo de alta influencia en la vida madrileña, aunque con el tiempo se unieron a él personas del valle de Mena, Santander y Las Encartaciones. Utilizando básicamente los lazos familiares, de parentesco y paisanaje consiguieron que un alto número de familias y personas que provenían de unos territorios que nunca habían destacado por sus expectativas o por sus características mercantiles alcanzaran el éxito.
Algunos de los ayaleses que consiguieron reunir una gran fortuna en Madrid son:
Antonio de Landaluce (Olabezar): Llegó a Madrid en 1775 colocándose como mozo de labranza en la hacienda de Juan Antonio de Zabala (un navarro propietario y secretario del Consejo Supremo de la Inquisición) gracias a los contactos de José Mª de Villodas y Lezama (natural de Respaldiza), miembro del Consejo Real. Landaluce recibió 6.000 reales cuando Zabala murió, y a la muerte de su viuda entró en posesión de toda la fortuna al haber sido nombrado heredero único y universal. Posteriormente ampliaría su fortuna y, al no terner descendencia llamó a su lado a varios sobrinos de Ayala, entre ellos Estanislao de Urquijo, futuro I Marqués de Urquijo.
Los hermanos Acebal y Arratia: Nacidos en Menagaray en 1795 y 1799, llegados a Madrid sin haber cumplido los 11 años. En 1850 declaraban ser propietarios y vivían en la calle Embajadores con 6 sirvientes. Sus 3 hermanas: Mª Sandalia, Ramona y Paula estaban casadas respectivamente con el propietario boliviano Usoz i Río, un militar retirado y propietario de apellido Muñoz de Larrainzar y el senador Huet. Francisco, el mayor de los hermanos fue alférez de la Milicia nacional de Caballería y secretario de la Sociedad Patriótica "Amantes del Orden Constitucional", Diputado provincial en madrid en 1836 y vicepresidente de su consejo provincial a partir de 1845, llegando incluso a ejercer interinamente de jefe político de Madrid. Fue elegido senador por Álava en 1843, reelegido al año siguiente y nombrado senador vitalicio en 1845.
Domingo de Norzagaray (Llanteno): Emigró a principios del siglo XIX a la Corte. En 1814 estaba establecido en Aranjuez dirigiendo un comercio de tejidos al por mayor valorado en algo más de 400.000 reales. Entre 1823 y 1833 comenzó a dar crédito a los círculos mercantiles de Madrid iniciando una larga relación con otras casas financieras madrileñas.
Norzagaray, como muchos otros, se favoreció en el aumento de sus riquezas gracias a su incorporación al círculo político de Mendizabal. Como poseedor de un número elevado de títulos de deuda pública, pudo enriquecerse intercambiándolos por propiedades rústicas y urbanas en la desamortización de 1836-1841. Entre 1842 y 1847 llegó al máximo de su fortuna. Y, aunque la crisis de 1848 le afectó gravemente como a otros muchos, al morir en 1856 su caudal ascendía a algo más de 26 millones de reales.
Sin embargo, el patrimonio de Norzagaray fue ampliamente superado por el que logró acumular 30 años más tarde Estanislao de Urquijo. Nacido en Murga en 1816, después de vivir con un tío suyo en Llodio, emigró a Madrid a casa de su tío Antonio de Landaluce. Éste le colocó en la tienda de telas de Martín Francisco de Erice, con cuya hermana acabó casándose. En 1832 consiguió una plaza de agente de cambio y bolsa. En 1849 pudo abrir su propia sociedad financiera y para 1854 se había convertido en el principal banquero del Marqués de Salamanca. Mantuvo una relación muy estrecha con los Rostchild y su patrimonio creció hasta convertirse en el hombre más rico de España. Cuando murió en 1889 su patrimonio era de 48 millones de pesetas.
Los vascos en Madrid a mediados del siglo XIX/Estíbaliz Ruiz de Azua

Los molinos según el Fuero de Ayala de 1373

El molino en la Edad Media era excepcionalmente importante porque la única manera de que el cereal tuviera alguna utilidad era siendo panificable. La economía era agrícola, no se producía más que agricultura, algo de ganadería y poquísimo comercio. Todo el producto económico tenía que pasar por el molino. Había molinos de diferentes tipos. En los molinos manuales cada familia molía el grano de que disponía (que en esta época no era trigo, sino mijo, bellotas, castañas, etc., ya que el trigo venía por mar y se molía exclusivamente en Baracaldo). Había muy pocos molinos y la tecnología hidraúlica se utilizaba sobre todo en las ferrerías. A partir de la llegada del maíz, en el siglo XVII, es cuando empiezan a abundar los molinos.

Pero en la época de que hablamos, los molinos son construcciones muy caras que no pueden hacer personas individuales, salvo que tengan mucho poder económico. Son construcciones muy frágiles, que suelen ser arrastradas por las riadas. Habitualmente los molinos son construidos por los concejos, teniendo parte cada vecino en el mismo. Es sin duda, el elemento crítico de la economía medieval. Quien controla el molino controla la economía, ya que las ferrerías son posteriores.

(Restos del molino de Izoria)

En el fuero de 1373 hay un artículo que dice: "...Otrosi todo home fijosdalgo pueda ganar rueda o molino en su heredad o en el egido aforrandolo con abonadores fijosdalgo, o faciendo la presa con vidigaza e pasando el agua al solar de la rueda o molino e faciendo farina con perro, e gallo e gato". Que actualizándolo al castellano actual sería: También todo hidalgo puede construir rueda o molino en sus tierras o en las comunales, pasando las comunales a su propiedad, con otros hidalgos, haciendo la presa con vidigaza, pasando el agua al solar de la piedra y haciendo la harina con perro, gallo y gato.

A continuación vamos a ir explicándolo por partes:

Todo hombre hidalgo puede ganar rueda o molino

Esto puede parecer fácil si se sigue la idea de que todo nacido en Ayala era hidalgo, pero en esta época no es así. Para ser hidalgo había que ser propietario. Y no era fácil ser propietario y si dejar de serlo. Sin embargo, si no se tenía sitio donde construir el molino aun siendo propietario, se podía conseguir terreno que no fuera de nadie, del éjido o terreno comunal, aforándolo: haciéndolo propiedad de uno, bastando para ello contar con el apoyo de 3 hidalgos. Esto era muy común ya que había grandes extensiones de terreno vacías.

Haran la harina con perro, gallo y gato

No hay muchas interpretaciones sobre esta parte (que sólo aparece en este fuero). Antonio Sáenz de Santa María tiene una hipótesis sobre lo que quiere decir: Cree que esta frase no querría decir que hay que tener un perro, un gallo y un gato, sino que el molinero (que siempre ha tenido fama de avaricioso y ladrón) tenía que poner los medios suficientes para evitar la desaparición del grano o harina: un perro para que la sisa no pueda ser achacada a los ladrones, un gato para que la sisa no pueda ser achacada a los ratones y un gallo para marcar claramente el día de la noche, ya que por la noche estaba prohibido moler.

Haciendo la presa con vidigaza

Hasta ahora, esto se ha interpretado como que la presa no podía ser de cantería, sino que tenía ser de madera, ya que la vidigaza es una planta (se cree que la Clematis vitalba, una planta muy abundante en esta zona que crece sobre los árboles y arbustos como una liana) y decían que la presa se hacía con esta planta.

Sin embargo, basándose en el Fuero de Vizcaya, que también habla de la vidigaza, y en un acta notarial de Lanestosa de 1593 en la que se describe el proceso para conseguir el uso del agua y la construcción del molino, resultaría que la vidigaza se utilizaría para poner una señal de lado a lado del río indicando donde se pensaba construir la presa. También se ponían abeurreas que eran "señal de casa" de donde se iba a construir el molino. Esta señal debía mantenerse durante un tiempo (un año y un día en el Fuero de Vizcaya) porque las aguas eran dominio real y para utilizarlas había que tener permiso.

Para conseguir agua y llevarla desde el cauce hasta el molino había que seguir una serie de pasos (avisar de que se iba a hacer, aforar un terreno, poner las señales) que van limitando la posibilidad de que cualquiera construya un molino. Una vez que se había cumplido todo el proceso, el que construía la presa y sus descendientes tenían derecho para siempre jamás a usar ese agua.

Datos sacados de una conferencia de Antonio Sáenz de Santa María

Juan Antonio de Urrutia y el acueducto de Queretaro

Ayala ha sido tradicionalmente una comarca con un alto número de emigrantes, la mayoría de los cuales partían hacia América, siendo México su principal punto de destino. Uno de sus más ilustres representantes es Juan Antonio de Urrutia y Arana, famoso por la construcción del acueducto de Querétaro.

Este personaje nació en Llanteno en 1670 y a los 16 ó 17 años partió para México llamado por su tío Juan Urrutia y Retes, I Marqués de la Villa del Villar del Águila, que había emigrado unos años antes y que al no tener hijos de su matrimonio, le eligió como heredero de sus bienes y títulos.

Desde muy joven, y gracias a la influencia de su tío, ocupa diversos cargos en la ciudad de México: a los 20 años, su tío le traspasa el puesto de Guarda Mayor de la Casa de la Moneda. También durante el motín de 1692, producido por la escasez de maíz, participó en el restablecimiento del orden como Capitán de Caballos Corazas. Posteriormente es nombrado Alcaide de la Alameda, cargo muy apreciado. Entre 1694 y 1697 es regidor de la ciudad. En 1696 es nombrado Obrero Mayor y Diputado de Propios.

También se le nombra honoríficamente para algunos cargos en Ayala. En 1695 es nombrado mayordomo de la Fábrica del Santísimo Sacramento. En 1697, regidor de Llanteno y Alcalde de la Cuadrilla de Oquendo. Los nombramientos honoríficos eran habituales en esta época y servían para dar prestigio a una familia y para conseguir otros privilegios.

El último cargo público que desempeñó fue el de Justicia Mayor en 1713. A partir de este momento se dedica a la administración de su mayorazgo y del de su esposa, Mª Josefa Paula Guerrero Dávila Moctezuma y Fernández del Corral, con la que se casó el 9 de febrero de 1699.

El contacto con la ciudad de Querétaro comienza en 1721 cuando su esposa le propone acompañar a las Madres Capuchinas a esta ciudad para fundar un nuevo convento. La Marquesa propone visitar todos los años el convento, pues en él tenía parientes. Así que Juan Antonio decide comprar unos terrenos para construir una casa en la que alojarse durante sus visitas. (Cuenta la Leyenda que el Marqués se enamoró de una monja clarisa, sobrina de su mujer, la cual por la lealtad a su vocación no aceptó relación alguna con él, pidiéndole solamente que construyera el acueducto para conducir el agua a la ciudad y que hiciera también la casa más hermosa de Querétaro.)

Dado que el agua que llegaba a la ciudad no era buena, el Marqués inicia los trámites para la construcción de un nuevo abastecimiento de agua y para reunir los fondos necesarios. Los preparativos llevan varios años y es en 1726 cuando empiezan las obras.

El agua debía llegar desde un manantial a 10 kilómetros de la ciudad. El acueducto se construyó para salvar un valle que había antes de llegar a Querétaro. Las obras duraron 13 años. En el acueducto se construyeron 71 arcos, siendo su altura máxima de algo más de 28 metros. La obra costó alrededor de 125.000 pesos de los que el marqués pagó 83.000. El resto lo pagaron los vecinos y algunas donaciones.

Pero nuestro personaje no sólo construyó el acueducto en Querétaro, también realizó un puente para comunicar las dos partes de la ciudad e hizo otras obras menores. En agradecimiento se encuentran en la ciudad varios monumentos que recuerdan sus obras.

A pesar de no volver nunca a Ayala, Urrutia no se olvida de su tierra y mantiene una gran devoción hacia la Virgen de la Blanca a la que le hace varias donaciones.

Como no tuvo hijos, dejó todo su patrimonio a su sobrino Juan Antonio de Jauregui y Urrutia quien, como se había hecho cargo de la hacienda de su padre en Menagarai, envió a México a su hijo Juan Antonio de Jauregui y Aldama, que será el III Marqués del Villar del Águila.

Murió este hombre notable en la ciudad de México el 29 de agosto de 1743. Se cree que sus cenizas reposan en el Convento de Santo Domingo, aunque también pueden estar en San Diego, según dejó dispuesto en su testamento.

(Un ilustre ayalés en México: Juan Antonio de Urrutia y Arana, 1670-1743/ Guillermina Ramírez Montes, José Iturrate. Imagen tomada de http://www.aquiqueretaro.com/images/Queretaro/)

Algunos datos históricos sobre Izoria

Cuando el geógrafo Tomás López preparaba su Diccionario Geográfico a fines del siglo XVIII, observaba que el emplazamiento de Izoria, regado por el río de su nombre y situado en el centro de la Tierra de Ayala, podría motivar un curioso fenómeno que el geógrafo recoge según datos de 1748: de los 2 alcaldes de la Hermandad de Ayala uno tenía que ser "de los lugares que están a la izquierda del río que pasa por Izoria y el otro de los de su derecha, de suerte que ambos alcaldes puedan estar en Izoria por estar sus casas a una y otra parte del río".
El río Izoria, debido a su recorrido motivó la importancia de este pueblo en las antiguas comunicaciones con Bilbao, Orduña y Arceniega. Además, se aprovechaba el curso rápido de sus aguas con un molino y las 3 ferrerías que, aunque en decadencia, se registraban en el lugar a mediados del siglo XIX. En el cruce de Arechabala se encontraba la casa mesón y venta del mismo nombre, que al mediar el siglo XVIII se documentaba junto al "Camino real que se pasa a las aduanas de Orduña y Balmaseda, puerto de Bilbao y otras partes", junto al puente de Arechabala, construido en el mismo punto en que el río Izoria cortaba el Camino Real de Lezama a Arceniega y Balmaseda.
El poblamiento de Izoria, disperso a lo largo de las orillas y márgenes elevadas del río, dio origen a sus 13 barrios, algunos ya despoblados. Aparte del de la iglesia, llamado barrio de Ripa, y el de Arechabala, ya citado, documentamos los de Ibarra, Ibargüen, Aguirre, Chabarri, Arecha, bechi, Mendibil, Larrabe, Ulibarri, Aspuru y Andico. Tal dispersión fue el motivo de que, tras una petición formulada por los vecinos en 1797 y el consiguiente pleito con los patronos, consiguiera Izoria un beneficiado más para su iglesia, servida hasta entonces sólo por un clérigo, en sentencia sancionada por Carlos IV el 8 de junio de 1800.
Esto no era nuevo, porque en 1556, cuando Izoria tenía 50 vecinos, servían su parroquia 2 clérigos dotados de buenos diezmos de grano, corderos, manzanas y dinero. No obstante, en 1748 cuando contaba el pueblo con 44 vecinos y en 1786, cuando se censaban en él 247 habitantes, todos labradores e hidalgos, tenía un sólo cura para atender a su parroquia. Una década después, cuando se hacía la petición de otro clérigo, se decía que "el pueblo de algunos años a esta parte se había aumentado excesivamente en su vecindario, de modo que en el día llegaban a 57 vecinos y a más de 200 personas de Comunión, las más en caseríos dispersos". Parece ser, sin embargo, que antes de mediar el siglo XIX, cuando había conseguido 2 clérigos para el servicio de su iglesia, la población había descendido, bajando a 43 vecinos y 143 habitantes.
A principios del siglo XX, contaba Izoria con 36 casas y 136 habitantes. En 1940 tenía 140, distribuios en 7 barrios y 6 caseríos dispersos; los barrios más poblados eran los de Ibarra y Ripa.
Si el barrio de Ripa fue el centro de la vida religiosa, como emplazamiento de la parroquia de San Julián, y el de Arechabala era una encrucijada en los caminos del río Izoria desde la Sierra Salvada al Nervión y al Camino Real a Arceniega y Balmaseda, el barrio Ibargüen tuvo importancia en la historia de Ayala como asiento de la torre de Ibargüen, casa fuerte de uno de los 5 Parientes Mayores de la Tierra de Ayala.

La capilla de Santiago en Aguiñiga

Aguiñiga es uno de los 12 pueblos que componían la Cuadrilla de la Sopeña en Ayala. Hay constancia documental de su existencia desde el año 1114. Se trata de un pequeño pueblo de menos de 50 habitantes situado al pie de Sierra Salvada. Y precisamente en este lugar se encuentra una de las joyas artísticas de esta tierra: la Capilla de Santiago.

El promotor de esta obra fue Juan de Durana, quien durante un breve periodo de tiempo, llegó a ser Gobernador de Nueva españa (México). Nacido en Aguiñiga en torno al año 1515, en 1539 se embarcó con destino a la tierra minera de Los Alumbres.
En la misma capilla se puede leer una inscripción que documenta su origen: ESTA CAPILLA HIZO EL SEÑOR DIEGO DE DURANA POR MANDATO DEL MAGNIFICO Y MUY ILUSTRE JUAN DE DURANA, SU HERMANO, GOBERNADOR POR SU MAGESTAD EN LA NUEVA ESPAÑA. AÑO DE 1568.
Las capilla se encuentra unida a la iglesia por el lado izquierdo del presbiterio, a través de un arco rebajado que fue cerrado en 1907, y que acaba de ser reabierto. La capilla es cuadrada y se cubre con una bóveda de terceletes y nervaduras curvadas formando una roseta. Durante mucho tiempo se creyó que la capilla era anterior a la actual iglesia y que en su día habría habido otro templo más antiguo, pero las últimas investigaciones parecen indicar que este edificio podría ser mucho más antiguo de lo que se creía hasta ahora.
Se trata de una obra de fábrica gótica, de un gótico tardío o gótico renacentista. Lo que hace excepcional a esta capilla es que conserva la pintura en todas las paredes, desde el suelo hasta la bóveda. Cada muro tiene un tratamiento de acabado arquitectónico o revestimiento diferente. Es como si el autor estuviera mostrando un catálogo de su trabajo. En el ático del altar mayor de la iglesia se conserva un cuadro de Santiago "Matamoros" que en origen debió pertenecer a la capilla.
El autor de la capilla es Juan de Armona, natural de Izoria, pero que instaló su taller en Orduña, ejerciendo su trabajo en todos los valles del norte de Álava (Urkabustaiz, Zuia, Kuartango, Valdegobía, La Ribera, etc), el norte de Burgos y el valle de Ayala, lógicamente.
Desgraciadamente, el estado de conservación no es muy bueno. Años de abandono han propiciado el deterioro de la capilla. Sin embargo, en la actualidad se está intentando devolverla a su esplendor. Se ha reparado el tejado y se ha eliminado el muro añadido en 1907. Además el verano pasado se realizó una intervención arqueológica con el objeto de estudiar los enterramientos de la capilla. Durante estos trabajos aparecieron los restos de una antigua Andra Mari, la cual, a pesar de su escaso valor y lamentable estado de conservación, ha sido restaurada en lo posible y devuelta a la capilla.
El siguiente paso es restaurar las pinturas para lo cual se está buscando financiación, tanto pública como privada, dado el enorme costo que supone para un pueblo con tan pocos recursos como es Aguiñiga.

Andrés Antonio Gorbea y Gancedo: Fundador de la ingenieria moderna en Chile


A partir del siglo XVII, sobre todo, la presencia de los ayaleses en América fue en aumento, por eso no es difícil encontrar rastros de su actividad en diferentes países sudamericanos. En esta ocasión nos vamos a centrar en Andrés Antonio Gorbea y Gancedo.
Este personaje nació en Menagaray el 1 de diciembre de 1792. En su juventud fue protegido por su tío, Sebastián de Gorbea, secretario del Arzobispo de Toledo, quien acogió al joven Gorbea, le nombró paje suyo y le envió a estudiar al Seminario de Nobles de Vergara. Este lugar destacaba por el estudio de las ciencias físico-matemáticas y su fama traspasaba las fronteras de España.

Gorbea destacó en sus estudios y pronto fue seminarista mayor desempeñando la ayudantía de Física y Matemáticas superiores. Se le ofreció continuar como profesor en Vergara pero, fiel a su protector, resolvió renunciar a esta carrera y regresó a Toledo. Ingresó en el ejército y se trasladó a la Academia de Ingenieros Militares en Alcalá de Henares.

Durante la invasión de las tropas francesas, este ayalés participó en la campaña bajo las órdenes del General Castaños. Después enseñó matemáticas en Toledo, donde con 22 años era ya catedrático, y finalmente se trasladó a Madrid, donde se casó con Ana Mª de Baltar.

Las persecuciones políticas tras las revueltas de los años 20 le obligaron a pasar a Francia, donde completó sus estudios superiores con Gay-Lussac. Ded allí pasó a Londres donde conoció los preparativos que hacía el General Mina para invadir la Península, quien le ofreció el cargo de Jefe de Estado Mayor, que rechazó.

En estas circunstancias, el gobierno chileno le ofreció un empleo. El 12 de mayo de 1826, llega a Valparaiso para hacerse cargo de la cátedra de Matemáticas, esforzándose por traducir y adaptar los mejores tratados de física y matemáticas de la época. Se encargó de formar a la primera generación de ingenieros de la República de Chile.

Cuando se fundó la Universidad de Chile, nuestro personaje fue nombrado primer decano de la Facultad de Ciencia Físicas y Matemáticas (1843), cargo en el que fue reeelegido hasta su muerte. También se le encargó la dirección del Cuerpo de Ingenieros Civiles, asumiendo la supervisión de las obras públicas. Puso en práctica la lLey General de Caminos cuya redacción definitiva le fue consultada.

Gorbea formuló el primen plan orgánico de estudios matemáticos y organizó la facultad universitaria. Entre sus discípulos se distinguieron algunos vasco-chilenos. así ocurre con Pío Agustín Olabarrieta que escribió un tratado de topografía y agrimensura para la Escuela Militar, y con Ramón Picarte Muxica, cuyas nuevas tablas de logaritmos fueron acogidas en los medios europeos.

La muerte de Gorbea en 1852 cerró el ciclo inicial de la ingeniería chilena moderna. Sin su magisterio, sin la traducción de los tratados, sin sus informes técnicos y sin los ingenieros que siguieron su ejemplo, Chile no habría podido asumir el camino ascendente de progreso que ofreció la segunda mitad del siglo y que culminó con obras tan significativas como el viaducto del Malleco.

Ermitas de Ayala


En Ayala contamos con varias ermitas dedicadas al culto de la Virgen. Las 3 más conocidas son: Nuestra Señora de Etxaurren en Menoyo, Nuestra Señora de las Nieves en Quejana y Nuestra Señora de la Blanca en Llanteno.

La devoción a la Virgen de Etxaurren, considerada por muchos como la patrona de Ayala, no tiene un origen claro, pero hay constancia de que la imagen original era del siglo XIV, así que se cree que la ermita existe por lo menos desde esa época.

El actual edificio fue construido hacia el año 1600 y sufrió una completa restauración partir de 1770, ya que estaba casi en ruinas. Debido a su construcción sencilla, casi sin cimientos y a su exposición a los fuertes vientos del sur, las obras de reparación han sido constantes y, aún hoy, son necesarios continuos arreglos para que la ermita se mantenga en buen estado.

Antiguamente eran 3 los días especialmente festivos en los que se hacía rogación a Nuestra Señora de Etxaurren: el 25 de abril, San Marcos; en mayo, la antevíspera de la Ascensión; y en junio, en víspera de San Juan. El día de San Marcos, la procesión partía de la parroquía de Quejana y se caminaba hasta Etxaurren cantando la letanía de los Santos. Era costumbre que desde los pueblos de alrededor se llegase en procesión a la ermita con el cura a la cabeza y que celebrasen la misa según iban llegando, habiendo un interés especial por cada pueblo en ser los primeros en llegar.

En la actualidad, la fiesta de la Virgen se organiza el 8 de septiembre y el domingo que queda más próximo a esa fecha. Hay misas todos los primeros sábados de mes y se hacen algunas celebraciones particulares como bodas, bautizos o comuniones.

La ermita de Nuestra Señora de las Nieves y Santa Lucía es el resultado de la unión de 2 ermitas anteriores existentes en Quejana. Debido a su mal estado fueron derribadas y con sus restos se edifico la existente actualmente, la cual se acabó de construir en 1730.

Se trata de una ermita pequeña en comparación con las otras 2, de una sola nave presidida por un retablo barroco con la imagen de Nuestra Señora de las Nieves en el centro y en la parte alta la imagen de Santa Lucía.

La fiesta en Honor de la Virgen de las Nieves se celebra el 5 de agosto y existe la tradición de llevar la Virgen a la parroquia para devolverla en procesión a la ermita. Antiguamente eran las mujeres solteras del pueblo quienes transportaban la imagen.

La ermita de Nuestra Señora de la Blanca parece tener su origen en el siglo XIII. La tradición cuenta que hubo discusiones entre los de Menagaray y Llanteno sobre el lugar en el que debía construirse la ermita y que los materiales preparados por los de Menagaray aparecían en Llanteno.
Como era costumbre, la ermita ha recibido numerosas donaciones a lo largo de la historia, incluso desde América. Era costumbre ofrecer a la Virgen el peso de los niños en grano. Todas estas donaciones sirven para mantener y hacer reparaciones en el santuario. A partir de 1708 se hizo una obra tan importante, que cuando finalizó en 1712, la ermita fue bendecida de nuevo.

En cuanto a la actividad eclesial, antiguamente se hacían rogativas los 3 días anteriores a la Ascensión. El lunes se hacía procesión por detrás de la iglesia. El martes se iba de la iglesia hasta San Román en rogativa, el miércoles se subía a la Blanca; por el camino se rezaba el rosario y la letanía para que hiciera buen año. El día de la Blanca era el de la festividad de san Justo. Se subía a la ermita y se hacía misa por la peste que había asolado Llanteno, también acudían los de Retes de Llanteno. Los pueblos de Menagaray y Retes de Llanteno tienen promesa de acudir todos los años por haber sido liberados de una peste que llegó hasta Beotegui. En la actualidad, el día de la fiesta es el 6 de agosto, pero también suelen celebrarse misas en diversas festividades de la Virgen.


Iñigo Ortiz de Retes: El ayalés que le puso nombre a Nueva Guinea

Los ayaleses no se han caracterizado por ser grandes navegantes. Sin embargo, como en todo, siempre hay alguna excepción. En este caso, la excepción es Iñigo Ortiz de Retes, quien participó en la exploración y conquista del Pacífico en el siglo XVI.

Nuestro personaje nació en Retes de Llanteno, posiblemente a principios del siglo XVI, y era hijo de Iñigo Ortiz de Retes y María Sánchez. Esto es todo cuanto sabemos sobre su vida personal. Uno de los cronistas de su aventura por el Pacífico, fray Jerónimo de Santisteban, retrata brevemente a Retes: «un honrado hidalgo de corazón y obras, hombre animoso y trabajador.»

Este ayalés comenzó su andadura en América. En 1538, embarcó rumbo a las Indias con el adelantado Pedro de Alvarado, gobernador de Guatemala, con quien permaneció hasta que murió. En 1541, cuando ya tenía preparados tres barcos para partir hacia las Molucas, Alvarado acude a Nueva Galicia a reducir una sublevación de los indios Palisqueños y muere en el altercado.

Ruy López de Villalobos, por encargo del Virrey Antonio de Mendoza, se hace cargo del proyecto de Alvarado de establecer bases españolas en las tierras de Poniente y de trazar una ruta fiable de regreso desde las islas orientales a la costa americana del Pacífico.

El 1 de noviembre de 1542, la expedición, formada por seis naos y 370 hombres entre marineros y soldados, además de algunos funcionarios, cuatro religiosos agustinos y otros cuatro clérigos, partió del puerto de Juan Gallego en bahía Navidad, en el actual estado mejicano de Jalisco. Villalobos es el Capitán General de la Armada e Iñigo Ortiz de Retes es el Alférez General. Posteriormente, tras la muerte de Francisco Merino en Mindanao, es nombrado Maese de Campo.

Después de hacer escala en diversas islas que encontraron en su travesía, algunas descubiertas por primera vez y otras redescubiertas, llegaron el 2 de febrero de 1543 a las islas Filipinas, que hasta ese momento se conocían como islas de Poniente y que fueron rebautizadas por la expedición en honor del príncipe Felipe, futuro Felipe II.

Tras muchas vicisitudes, relatadas por el miembro de la tripulación García de Escalante Alvarado en la crónica “Relación del viaje que hizo desde Nueva España a las Islas de Poniente Ruy López de Villalobos por orden del Virrey Antonio de Mendoza”, Villalobos tomó la decisión de enviar a Iñigo Ortiz de Retes, al mando de una de las naves, de vuelta a Nueva España a pedir ayuda al virrey. Comienza entonces la gran aventura por los Mares del Sur de este ayalés.

El 16 de mayo de 1545, Ortiz de Retes y su tripulación parten de Tidore a bordo de la nao San Juan de Letrán. En su viaje avistan diversas islas: en primer lugar llegan a las islas Talaud, seguramente ya descubiertas por la expedición de García Cofre de Laysa en 1527; el 15 de junio se avistan dos islas nombradas como la Sevillana y la Gallega y un grupo de islas bautizadas como Mártires; al día siguiente navegan por las islas Padaido, donde fueron atacados por los indígenas. De aquí prosiguieron rumbo al sur llegando al día siguiente a una pequeña isla bautizada como la Ballena.

Tres días después hallaron la desembocadura de un río, que llamaron San Agustín (hoy llamado Mamberano), donde desembarcaron para reaprovisionarse. De esta forma, el 20 de junio de 1545, Iñigo Ortiz de Retes tomaba posesión para el imperio español de Nueva Guinea, la isla más grande del mundo después de Australia y Groenlandia.
García de Escalante lo cuenta así:

“…Sábado, a veinte del mes, surgieron en la isla grande, y allí tomaron agua y leña, sin contradicción de nadie, por ser allí despoblado. Tomó el Capitán la posesión de esta isla por Vuestra Señoría. Púsole nombre la Nueva Guinea. Todo lo que costearon de esta isla es tierra muy hermosa, al parecer, y tiende a la mar grandes llanos. En muchas partes y por la tierra adentro muestra ser alta, de una cordillera de sierras de alboredo, al mar el arcabuco y en otras partes pinos salvajes, y las poblaciones eran llenas de palmeras de cocos…

Al parecer Ortiz de Retes le puso el nombre de Nueva Guinea porque el color oscuro de los indígenas le hizo recordar la Guinea africana.

Tras avituallarse y descansar, la nave se hace de nuevo a la mar y siguen descubriendo islas en su errático deambular debido a los vientos cambiantes y a las corrientes que les impedían viajar hacia levante como era su propósito. A finales de agosto, y presionado por los oficiales y la tripulación, Ortiz de Retes se ve obligado a rendirse y poner rumbo de vuelta a Tidore, a donde llega el 3 de octubre de 1545, cuatro meses y medio después de partir.

Una vez reunidos con el resto de la expedición, Villalobos tuvo que admitir la ayuda de los portugueses instalados en la zona, quienes le propusieron volver a la península en sus barcos por la ruta del Índico y el Atlántico. Sin embargo, aún tardarían dos años en regresar. De hecho Villalobos no volvió. Murió en 1546 en la isla de Amboine de fiebres palúdicas. García de Escalante dice que sólo 144 supervivientes de la expedición llegaron a Lisboa en agosto de 1548, entre ellos Iñigo Ortiz de Retes. El 10 de octubre de 1548 se le da licencia para pasar a Indias acompañado de un curioso séquito compuesto por dos criados, cuatro esclavos negros y un natural de China. Algunas fuentes indican que en 1550 era nombrado corregidor de Pochuatla y Tenameca.

En general, se considera que esta expedición fue un fracaso. Y bien es cierto que no cumplió el objetivo de dar con una ruta de vuelta a América, la cual todavía tardaría algunos años en encontrarse gracias a la expedición de otro vasco: Urdaneta, y que también se vivió como una deshonra la vuelta de los supervivientes en barcos portugueses. Pero hay que tener en cuenta que los descubrimientos no fueron tan insignificantes y que se exploró un amplio territorio, siendo el mayor logro de esta empresa la exploración y la posesión de Nueva Guinea que añadió al imperio español alrededor de 800.000 km2.

A Iñigo Ortiz de Retes y su gente corresponden los siguientes descubrimientos: islas de Numfoor y de Mios Num [hoy Num], en el archipiélago occidental de Schouten, sobre la bahía de Geelvink; isla de Kurudu [hoy Kaipuri], entre Yapen y Nueva Guinea; río Mamberamo, en la misma «isla grande»; islas de Liki y Armo, en el grupillo de Kumamha, islas de Insumoar, Masi-Masi y Yamna, en el grupo de Wakde; el grupo insular de Podena, Yarsun y Anus; las islas de Tendanye, Valif, Kairuru y Unei, a levante de las anteriores; Punta Lapar, en tierra firme neoguineana; islas de Vokeo, Koil, Blupblup, Kadovar y Bam, integrantes del grupo Schouten oriental; islas de Wululi y Aua, al oeste del grupo Ninigo; punta Murugue, islilla de Besar y rada de Ataipe, en la costa de Nueva Guinea, y las islas de Awin y Sumasuma, en el citado grupo Ninigo.
GONZÁLEZ OCHOA, José Mª: “El marino alavés Iñigo Ortiz de Retes”. Itsas Memoria. Revista de Estudios Marítimos del País Vasco, nº 5. Untzi Museoa-Museo Naval. Donosita-San Sebastián, 2006. Pág. 677-684.
ESCALANTE ALVARADO, García de: “Relación del viaje que hizo desde Nueva España a las Islas de Poniente Ruy López de Villalobos por orden del virrey Antonio de Mendoza”. Estudio preliminar de Carlos Martínez Shaw. Universidad de Cantabria. Santander, 1999.
ARCHIVO GENERAL DE INDIAS

Una historia de genios

Los genios, que en algunos lugares dicen que tienen aspecto de insectos y en otros que son pequeños hombrecillos que van vestidos con unas calzas rojas, son unos personajillos capaces de los mayores portentos y que ayudan a aquél que los posee. Lo mismo pueden hacer que una yunta de bueyes gane una apuesta de arrastre, que pueden arar un campo en un abrir y cerrar de ojos o incluso trasladar a su dueño a largas distancias. Sobre estos seres mágicos hay una leyenda centrada en el pueblo de Añes que es la siguiente:
En Añes vivía un hombre que era tenido por brujo. Su casa estaba un poco apartada del pueblo y nadie se acercaba por allí a menos que tuviese una buena razón para hacerlo. Todo el mundo le temía pues era capaz de acabar con una buena cosecha o de desaparecer durante varios días y volver inesperadamente trayendo de los países más lejanos objetos o pócimas que luego utilizaba para su magia.
Durante muchos años hubo una cierta armonía entre los habitantes del lugar y el brujo; los lugareños para tenerlo contento le ofrecían provisiones y leña para el fuego. Pero, con el tiempo, el brujo fue convirtiéndose en un ser ambicioso y desagradable. Empezó a exigir más y más cosas. Si un día veía un caballo que le gustaba se lo pedía al dueño bajo la amenaza de hacer morir a todos los animales de su cuadra... Otro día se encaprichaba de un jamón colgado en alguna cocina o de una barrica de buen vino...
Los habitantes del pueblo soportaban su tiranía porque no convenía tenerlo por enemigo. Pero cada vez era más difícil contentarle y sus rabietas iban en aumento.
Todo hubiese seguido igual si, un día, el temido brujo no hubiese decidido casarse. mandó un recado al alcalde diciéndole que deseaba elegir esposa y que, por lo tanto, le tuviese preparada una muchacha para el día siguiente. En caso de que no se atendiese su petición, destruiría el pueblo.
Ante tal amenaza, el alcalde no tuvo más remedio que elegir a una joven del lugar llamada Grazia. Ésta era una joven muy alegre, guapa y, además inteligente. No estaba dispuesta a casarse con el brujo por nada del mundo pero tampoco quería que le ocurriese nada al pueblo.
No sabiendo como solucionar el problema, aquella noche se acercó cautelosamente hasta la casa del brujo y se puso a mirar por la ventana. El brujo se encontraba trabajando una de sus mezclas. Echaba hierbas y polvos en una gran olla y luego lo revolvía todo con un gran palo. Estuvo así durante mucho tiempo, pero al intentar retirar la olla del fuego, no pudo hacerlo. Entonces cogió una hoz que tenía encima de la mesa y, al soltar el mango salieron de él cuatro hombrecillas vestidos de rojo que se pusieron a dar saltos mientras decían:
- ¿Qué quieres que hagamos? ¿Qué quieres que hagamos?
- Retirad la olla del fuego -les contestó el brujo.
Ante el asombro de Grazia, los cuatro enanillos cogieron la enorme olla y la retiraron del fuego.
- ¿Y ahora que quieres que hagamos? -volvieron a preguntar
El brujo los puso en la palma de la mano y contestó:
- Ahora nada, queriditos. No sé lo que haría sin vosotros... Si supieran en el pueblo que vosotros sois mi magia... Ja, ja, ja... pero... ¡nunca lo sabrán! Si mañana no me han elegido una novia, os mandaré para que destruyáis el pueblo, asoléis los campos y matéis todos los animales... Y ahora, meteos en el mango de la hoz.
Así lo hicieron los cuatro geniecillos y el brujo apretó el mango a la cuchilla. luego apagó la luz y se fue a dormir.
Grazia estuvo durante un largo tiempo quieta, sentada debajo de la ventana, pensando. Tomó la determinación de robar la hoz y, con mucho cuidado abrió la ventana y se metió en la casa. Se acercó a la mesa y cogió la hoz. Entonces los geniecillos empezaron a gritar:
- ¡Amo! ¿Eres tú? ¿Que quieres que hagamos?
Grazia salió corriendo de la casa con la hoz en la mano, pero el ruido que hizo y los gritos de los geniecillos despertaron al brujo que, al darse cuenta de lo que ocurría, saltó de la cama y empezó a perseguirla. Grazia corría y corría pero el brujo corría más deprisa.
- ¡Devuélveme la hoz! -gritaba.
Grazia, deseperada, veía como el brujo se le iba acercando y ya estaba tan cerca que la muchacha se paró en seco y con todas sus fuerzas lanzó la hoz que fue a caer al camino de piedra. La hoz rebotó tres veces y el mango se rompió. Al instante salieron los cuatro geniecillos y desaparecieron.
El brujo se detuvo. Empezaba a amanecer.
- ¡Desgraciada! ¿qué has hecho? -dijo con una voz muy débil.
Grazia se volvió a mirarle. ¿Era cierto lo que estaba viendo? ¡El brujo estaba desapareciendo! En pocos segundos sólo quedó de él la túnica. Grazia fue corriendo hasta el pueblo y contó lo ocurrido. Se formó una cuadrilla para ir a investigar pero cuando llegaron al lugar donde se encontraba la casa del brujo no encontraron nada. Todo había desaparecido.
Durante muchos años los habitantes de Añes intentaron apoderarse de los geniecillos dejando un mango de hoz encima de un zarzal en la noche de la víspera de San Juan. Pero, que nosotros sepamos, todavía nadie lo ha conseguido.
Historia escrita por Toti Martínez de Lezea a partir de una leyenda recogida por José Miguel de Barandiaran

Sancha de Ayala

La familia de los Ayala se ha caracterizado por el papel relevante de sus mujeres, que fueron capaces de destacar en una época en la que las mujeres estaban relegadas a puestos secundarios. En esta ocasión vamos a dar a conocer a Sancha de Ayala, sobrina del Canciller Ayala.

Sancha de Ayala era hija de Diego Gómez de Guzmán (o de Toledo), alcalde de dicha ciudad, y de Inés de Ayala. Nació alrededor del año 1360.
En 1371, doña Constanza, hija del difunto y destronado rey de Castilla, Pedro I el Cruel, fue a Inglaterra para casarse con el hijo del rey Eduardo III, Juan de Gante, Duque de Lancaster. Entre las jóvenes damas castellanas que la acompañaban estaba doña Sancha de Ayala, la cual se casó hacia 1373 con el caballero inglés Sir Walter Blount, nacido en Elvaston (Derbyshire) en 1350.
El 26 de febrero de 1378, el Duque de lancaster concedió a Sir Walter y a su esposa, por su buen servicio hacia él, una anualidad de 100 marcos al año; esta concesión fue confirmada de por vida en 1399. Los registros muestran pagos a Sancha en varias ocasiones, siendo descrita por el Duque de lancaster como nuestra muy querida sirvienta doña Sancha Blount.
Sir Walter Blount desempeñó un papel importante en los asuntos de Inglaterra durante los reinados de Eduardo III y Enrique IV. Fue un compañero cercano a Juan de Gante, y posteriormente fue el ejecutor de su testamento, recibiendo un pequeño legado.
En 1367 Había acompañado al Príncipe Negro y al Duque de Lancaster en la expedición a España para ayudar a Pedro El Cruel, al cual restituyeron en el trono. Sir Walter murió en la batalla de Shrewsbury el 21 de julio de 1403, en donde, siendo portador del estandarte y estando ataviado con una armadura parecida a la del rey, fue muerto en combate por Earl Douglas. Shakespeare le inmortalizó en su obra Enrique IV, aunque le llamó Sir Walter Blunt.
Doña Sancha y Sir Walter tuvieron 7 hijos: Constance, John, Thomas, Walter, James, Peter y Anne. Cuando su yerno John Sutton, esposo de Constance, murió en 1406, doña Sancha fue nombrada tutora de su nieto. Sus deberes incluían encontrar una manutención adecuada para el heredero, conservando las casas y los edificios y soportando las cargas.
Doña Sancha murió en 1418 y fue enterrada junto a su marido en la colegiata de la iglesia de Santa María, Neward (Leicester). De su nieto Sir Walter Blount, primer Lord Mountjoy, descienden 2 presidentes de Estados Unidos: Benjamin Harrison y William Henry Harrison.

Leyenda del Árbol Malato

Este símbolo, situado en el pueblo de Luyando, es más importante en realidad para los vizcaínos que para nosotros. Su origen está en la leyenda de Jaun Zuria:
Una infanta escocesa habría llegado por mar a Mundaka, con un duendecasa, del cual tendría un hijo muy hermoso, de buen cuerpo y rubio, por lo que le llamaron Jaun Zuria, que salió caballero muy esforzado y venturoso. En aquel tiempo, las Encartaciones, Somorostro y Baracaldo eran del reino de León. Un hijo del rey de León hizo una incursión por Vizcaya hasta Bakio, ocasionando grandes daños. Se juntaron en consecuencia las 5 merindades vizcaínas para darle batalla y, necesitando un personaje de sangre real que se pusiese al frente de sus tropas, fueron por Jaun Zuria, que era nieto del rey de Escocia y le tomaron por señor.
Los vizcaínos presentaron batalla al hijo del rey de León en Padura y los leoneses fueron vencidos, muriendo el hijo del rey de León, y por la mucha sangre que allí corrió se llamó a aquel lugar Arrigorriaga. Los leoneses supervivientes fueron seguidos hasta el Árbol Gafo (Árbol Malato) de Lujaondo, que lo llamaron así porque no pasaron más adelante. Los vizcaínos aclamaron a Jaun Zuria por Señor y Conde de Vizcaya y repartieron a medias con él los montes y monasterios y le prometieron acompañarle siempre que lo necesitase. Hasta el Árbol Malato iría a costa de ellos, sin sueldo, pero les había de dar sueldo si fuesen de allí adelante.
Estos hechos ocurrieron en el año 840, 870 u 880 según diferentes historiadores. Lo cierto es que, a partir de entonces, el Árbol malato era considerado faro o señal de la frontera militar del Señorío de Vizcaya. En 1703 el árbol ya no existía, por lo que en las Juntas Generales se decide conmemorar el lugar donde estaba enraizado con una cruz de piedra en cuya base figura una inscripción que dice:
Este es el sitio donde estaba el memorable Árbol Malato del que hablan las historias y la Ley quinta del Título primero del Fuero del Muy Noble y Leal Señorío de Vizcaya. Año 1730"
Dice la Leya quinta del Título I del Fuero de Vizcaya de 1526, que concuerda con la Ley VI del Fuero Viejo de los Hijosdalgo de Vicaya de 1452:
Otrosi dijeron que habian por Fuero y Ley de los Caballeros Escuderos, hombres hijosdalgo que dicho Condado y Señorío, así de la tierra llana como las villas y ciudad de él; y sus adherentes siempre usaron y acostumbraron ir cada y cuando el Señor de Vizcaya los llamase, sin sueldo alguno, pero esto hasta el Árbol Malato que es en Lujaondo. Pero si el Señor con su Señoría, les mandase ir allende del dicho lugar, su Señoría les debe mandar pagar el sueldo de dos meses, si hubiesen de ir aquende los puertos; y para allende de los puertos de tres meses, y así dando el dicho sueldo ende que los dichos caballeros, Escuderos, Hijosdalgo usaron y acostumbraron ir con su Señoría a su servicio doquier que les mandasen; pero no se les dando dicho sueldo, en dicho lugar, nunca usaron ni acostumbraron pasar del Árbol Malato y que la dicha exención y libertad, así se les fuese siempre guardando por los Señores de Vizcaya.

La Casa de Ibargüen


Los Ibargüen de Izoria, Parientes Mayores en Ayala, tenían tal poder que, en 1328, unidas sus fuerzas a las de los Perea, llamaron a la sucesión del señorío del valle a la rama de Ayala establecida en Toledo. Atendiendo a este llamamiento, y haciendo valer la legitimidad de su derecho llegaron a Ayala el que sería padre del Canciller, don Fernán Pérez de Ayala con su hermano mayor don Sancho Pérez; de tal modo que los señores de Ibargüen contribuyeron al giro histórico del valle de Ayala y aún de Álava entera, con el nuevo injerto de esta rama ayalesa en la provincia donde había tenido su origen.

La mucha guerra e contienda omeçidas que la muerte sin sucesión del señor de Ayala trajo a todo el valle, se había convertido, en efecto, en una lucha de linajes. Muerto sin sucesión legítima Juan Sánchez de Salcedo, pretendía el señorío García de Murga, su sobrino, hijo de su hermano bastardo Juan Sánchez Chiquilín, señor de la casa de Murga.

A los de Ibargüen e Perea e otros de Ayala no les placía el candidato. La razón era clara: si la casa de Murga, tan próxima a las de Ibargüen y Perea se convertía en señora del valle, haría demasiada sombra a los Parientes Mayores vecinos, mientras que el señorío de los Ayala en Quejana, siempre aceptado por las casas principales de la tierra, no cambiaba una situación establecida y aceptada desde siglos atrás.

Llegados desde Toledo Sancho Pérez de Ayala y su hermano Fernán se entabló una lucha a muerte entre estos y Sancho García de Murga apoyado por la casa de Salazar, quedando por fin el señorío en poder de los Ayalas, tras haber muerto Sancho García de Murga en el combate. La casa de Ibargüen debió acrecentar con este triunfo su poderío durante los siglos XIV y XV, mientras los Ayala crecían a su vez en riquezas, títulos y prerrogativas.

La varonía del apellido Ibargüen se encontraba en el apellido Uriondo cuando menos desde finales del siglo XVI. En la primera mitad del siglo XVII, vivían en el solar de Ibargüen, llamado en algunos documentos "Torre de Uriondo", José de Uriondo y Lucía de Aguirre, señores de la torre.

Su hijo, José de Uriondo, Alcalde Ordinario de Ayala en 1655, casado con Ana de Guinea, testaba en la Torre de Ibargüen en 1693, dejando por heredero del mayorazgo a su hijo Pedro de Uriondo, que, nacido en Maroño en 1647, iba a ostentar también el cargo de Alcalde Ordinario en 1695. Hija de éste y de Marina de Ibarrola, hija a su vez de Diego, señor de la casa de Ibarrola de Zuaza, también Alcalde Ordinario de Ayala en 1639, fue la última señora de la torre de apellido Uriondo, Mª Jacinta de Uriondo e Ibarrola, heredera de la torre y su mayorazgo, que casó con Francisco Antonio de Irabien.

Al morir Mª Jacinta, pasó la torre de Ibargüen a Francisco Javier de Irabien y Uriondo. La torre de Izoria se mantuvo así en el apellido Irabien unida a los solares y torres de Irabien en Quejana y Ullibarri en Respaldiza. Mientras uno de los descendientes, el hermano de Francisco Javier, Raimundo de Irabien y Uriondo, llegaba a ocupar los cargos de Ministro de la Real Audiencia de Cataluña, Presidente de la Chancillería de Valladolid y Gobernador de la Sala de Alcaldes en el Real y Supremo Consejo de Castilla.

Los señores de la torre seguían disfrutando entonces de señaladas prerrogativas en el valle de Ayala. Se la reconocía, como hemos dicho, como una de las primeras casas del territorio y hermana en lo antiguo con la del Conde de Ayala, Perea, Murga y Mariaca. En la iglesia de Izoria tenían sus señores banco propio en lugar preeminente, recibían los primeros la paz y el pan bendito y tenían preferencia en las procesiones, en la ofrenda y en el responsorio de su sepultura sin contradicción alguna. Gozaban en los montes de Maroño de las cortas de leña, pastos, aguas y demás emolumentos que producían, si bien tenían los señores la obligación de tener siempre reparada la presa y el cauce de su molino, de suerte que no cause perjuicios y daños.

El brillo de la casa de Ibargüen fue apagándose lentamente, como sucedió con la de Perea, hasta su destrucción más completa. Acaso los herederos de sus mayorazgos quedaron demasiado vinculados a la tierra, sin salir de sus solares, hasta que en tiempos no muy lejanos los abandonaron sin demasiada pena ni gloria.

Es muy significativo a este respecto el dato que en 1728, la heredera del mayorazgo y señora de la torre, Jacinta de Uriondo, no supiera firmar su testamento, como tampoco lo había podido firmar su madre Mª de Ibarrola, también señora de la torre infanzona de Ibargüen.

De la torre de Ibargüen no queda ni rastro, pero sabemos como se conservaba en 1758. Era una edificación de cal y canto con sus dos estribos de piedra de sillería que suben desde el suelo hasta el taxado por ambas esquinas de su frontera y delantera, como fortificándola.

Tenía su coto redondo, amplio y cerrado, llamado "La Serna", y encima de la puerta de la torre, un escudo de madera embutido en la pared. Llevaba las armas de Ibargüen: cinco castillos encarnados en campo blanco, en su primer cuartel; en el segundo una cruz de Calatrava y cinco corazones verdes, dos en la parte superior y dos en la inferior todo en campo de color de cielo obscuro; en el tercel cuartel un hombre de pie, vestido de cota y morreon afirmándose en la lanza que tiene en la mano derecha con su vanda encarnada ceñida del hombro yzquierdo al costado derecho, en campo azul celeste y en el cuarto cuatel dos espadas a la cruz con las puntas hacia el suelo y de la empuñadura de cada una un lebrel atado y a cada lado de las dichas espadas, en campo de color perla. En la parte inferior un letrero decía "Armas de la Casa Torre y Solar Ibargüen".
(Torres y Casas Fuertes en Álava/ Micaela Portilla)

La historia de San Ramiro de Añes



Ynlaudena Sancti Raniri
Martyris ab Agarensis
occisi et in Icclesia Pagi
do Añez reconditi

Oid vecinos de Añez
Oid que contaros quiero
la Historia de sn Ramiro
do vuestra Yglesia ornamento
Os contaré su constancia
la fé, la firmeza, el celo
la impavidez, la alegria
y el heroico ardimiento,
con que el martirio sufrió
dando al alfange su cuello
por lasta Religión
de Jesucristo, bien vuestro;
escuchadme, estad devotos,
prestadme atención, que empiezo
En tiempo que el moro infiel
hollaba de España el suelo,
en castigo de la culpas
de este desgraciado Reyno:
en Sn Pedro de Cardeña
muy antiguo Monasterio
de Padres Benedictinos,
célebre en todos aspectos;
moraban doscientos monges
con Esteban, su maestro.
Pasaban allí la vida
dando de virtud ejemplo,
en retiro, en penitencia,
en oración y silencio
ofreciéndose al Señor;
víctimas de su amor tierno.
Todo lo llegó á entender
un Comandante Agareno
que con su morisca tropa,
se acercaba á aquellos pueblos;
y picado de codicia
de odio y aborrecimiento
contra los siervos de Dios
se dirigió al Monasterio.
El Santo Abad que lo supo
y advirtió como discreto,
lo que se podía esperar
de aquel infiel monstruo horrendo,
á todos los Religiosos
los convocó en el momento,
y diz, que así les habló
con el más cordial afecto:
Hijos mios, ya llegó
aquel venturoso tiempo,
en que si amamos á Dios
y sus santos mandamientos
á vista del mundo todo
así lo manifestamos.
Un bárbaro Musulman
vereis pronto en el Convento
sediento de nuestra sangre,
en odio del Evangelio
¿Hay alguno entre vosotros
tan cobarde é indiscreto
que por conservar la vida
quiera tal vez...? no lo digo,
os injurio si lo pienso.
Ese asomo de sospecha
(todos aquí respondieron)
el pecho nos ha llenado
de amargura Padre nuestro.
Habiendo venido aquí
voluntarios y contentos
por amor de Jesucristo,
y por conseguir el Cielo;
y estando ya acostumbrados
á vivir como muriendo
por alcanzar tanto bien,
tan grande y sublime objeto:
¿Seremos tan insensatos,
tan pueriles y tan ciegos,
que queramos perder todo,
en el crítico momento?
¿Tan tímidos nos recela?
¿Tan flacos y tan perversos?
¿Tan poco fieles de Dios,
y á su vez tan poco atentos?
Somos hijos de Benito
y todo se dice en esto.
En esta plática estaban,
cuando afligido el portero
entra al Claustro dando voces:
huyan todos, y huyan presto;
ya están los Moros ahí,
y vienen al Monasterio.
Que turbantes ¡y que barbas!
que alfanges! Vaya son fieros.
Tan pronto como lo dijo,
se empezó á oir el estruendo
de toda la algarabia
que formaba el regimiento.
Llegan á la Portería
con belicoso denuedo
y poniendo sable en mano
atropellan el Convento.
Por aca y alla discurren
de sangre humana sedientos,
hasta que dan con los Monges
que como mansos corderos
en el Claustro reunidos
pedían á Dios aliento.
Furibundos les envisten,
les derriban en el suelo,
los llenan de puntillones,
bofetadas, y denuestos.
Por fin, degüellan á unos,
a otros los parten por medio,
á este le perniquebran,
y á aquel le muelen los huesos,
hasta que acabando así
en número de doscientos,
como víctimas sagradas
á la gloria se subieron.
En la sangre rebolcados
quedaron los stos. cuerpos
insepultos, hasta tanto
que los Bárbaros se fueron.
El caso se divulgó,
los cristianos acudieron,
y con gran veneración
alli mismo do murieron
una honrosa sepultura
á todos ellos les dieron.
Escuchad, aquí un prodigio,
que cuentan los que lo vieron.
Los días de aniversario
desta matanza y degüello,
dicen que de roja sangre
las paredes se tiñeron;
queriendo Dios demostrar
con tan pasmoso portento,
cuan agradable le era
la memoria de sus siervos.
Dichosos, pues ó vecinos
de Añez, lo sois por cierto
porque á vuestra Yglesia vino,
y de Cardeña trajeron
de uno de estos stos Monges
una Reliquia, ó fracmento.
De uno, si, no lo dudeis,
pues consta de un documento,
que es el Martir Sn Ramiro,
hijo de aquel Monasterio.
La auténtica asi lo dice,
Y esta firmada de acuerdo
Por Prelados respetables
Con correspondiente sello.
Vuestra fé, no necesita
de tanto razonamiento,
porque á los sencillos, Dios
suele alumbrarlos por dentro.
Os lo digo á fin de que
zaherido vuestro celo
respondais de vuestra fé
al atrevido, al incredulo
que pretenda despedir
á Ramiro, de este templo.
Mas también debeis saber
que á fin de que sea completo
vuestro culto al Martir Snto,
y que el os traiga á su tmpo
las lluvias a vuestros campos
cuando estén de agua sedientos;
el sol sobre vuestras parvas
y el fresco a vtros graneros,
a vuestras almas la gracia,
y la saluz á los cuerpos;
es preciso que guardeis
los Divinos Mandamientos,
que aborrezcais el pecado,
aun mucho más que el Infierno.
En una palabra, que
á sn. Ramiro siguiendo
ó imitando de su vida
la fé, la paciencia celo,
merezcais su protección
y despues verle en el cielo.
Amen
En la parroquia de Añes se conserva un trozo de tibia procedente de uno de los doscientos monjes muertos por los árabes en San Pedro de Cardeña en el siglo X
La reliquia fue traída por Fray Ramiro Bernárdez, quien estuvo al frente de la parroquia de Añes desde 1797 a 1801 y desde 1814 a 1841. Como se ignoraba el nombre del monje a quien pertenecía el trozo de tibia se le puso el nombre de San Ramiro en homenaje al promotor de la idea. De todos los mártires de Cardeña éste y el abad, Esteban Sancho, son los únicos que tienen nombre.
Es en 1827 cuando el abad de San Millán da la licencia que autoriza el culto a la reliquia: “Damos a nuestro teniente cura de la Iglesia Monasterial de San Vicente de Añes, una de las de nuestra jurisdicción episcopal, la competente licencia, según que por derecho nos corresponde, para que pueda exponer a la pública veneración el fragmento del hueso sagrado colocándole al intento en lugar y con la decencia correspondiente en dicha iglesia”.
No se sabe como ni cuando llegó la reliquia, pero la tradición cuenta que la trajeron desde San Millán de la Cogolla seis frailes, a los que en Quincoces y Angulo se les unieron vecinos de estos pueblos para acompañarles hasta Añes donde fue recibida el 14 de marzo de 1828.
La fiesta de San Ramiro fue fijada el 21 de mayo y acabó sustituyendo a la fiesta del pueblo, que hasta ese momento se había celebrado el 22 de enero, día de San Vicente Mártir, santo titular de la parroquia.
Hasta hace pocos años fue grande la devoción que en Añes y en los pueblos de alrededor se tuvo a esta reliquia, especialmente por los enfermos de la vista.
En relación con esta historia, se conserva en el archivo de Menoio el documento, arriba copiado, que relata como fue la matanza de los monjes de San Pedro de Cardeña. En el documento no figura ninguna fecha, pero es muy posible que sea de la época en la que la reliquia llegó a estas tierras.

Las tres misas de Quejana


Por los años de mil cuatrocientos y tantos hubo cuestiones muy graves entre ayaleses y losinos sobre el aprovechamiento de los ricos pastos de la sierra que dicen tomó el nombre de Salvada, porque se salvaron por ella los restos del ejército leonés, destrozado en Padura y acaudillado por el príncipe leonés que duerme el sueño eterno en el pórtico de la iglesia de Arrigorriaga.

Un día vinieron á las manos, hacia el sitio que desde entonces tomó el nombre de Peña de la Sangre, y en la pelea murieron tres ayaleses de las principales familias de aquella noble tierra. Estos homicidios trajeron grandes persecuciones judiciales sobre los losinos, pero al fin, las familias de los muertos perdonaron a los matadores, y entre los habitantes de aquende y allende la Peña se celebró una concordia que aun subsiste, en la que se impuso a los losinos una obligación que aun cumplen con tanta religiosidad como vergüenza y pena.

Hace más de cuatrocientos años, el día de San Juan Evangelista, precisamente cuando la soledad de Quejana deja de serlo, porque se celebra allí una de las ferias más concurridas del Ebro abajo, aparecen en las alturas tres hombres vestidos de negro y descienden al valle, mientras los siguen con la vista la multitud que esperaba con curiosa impaciencia su aparición. Aquellos hombres son tres sacerdotes losinos que bajan a decir tres misas en la iglesia parroquial de Quejana para el eterno descanso de los tres ayaleses que fueron muertos por los vecinos de Losa en la Peña de la Sangre.

Los losinos han tratado muchas veces de redimir con oro esta carga para ellos penosísima y triste, porque creen que pesa sobre su honra; pero los ayaleses no lo han consentido. ¡Quién sabe si el haberse perpetuado la memoria del homicidio de los ayaleses, lejos de ser un gran mal es un gran bien para los losinos, a quienes este triste aniversario enseña cuán larga es la duración de las manchas de sangre humana!

(Texto aparecido en la revista Euskal -Herria en 1883. Autor: Antonio Trueba de la Quintana)

Don Vela Sánchez, primer Señor de Ayala

En el tienpo que reinava el rey don Alonso en Castilla que ganó a Toledo vino un fijo vastardo del Rey de Aragón que llamavan don Vela a lo servir. E andando este rey don Alonso a correr monte sobre las peñas de Mena, vio d'ençima la tierra donde es agora Ayala, que no era poblada, que se llamava la Sopeña; estando el Rey sobre la peña de Salvada, dixiéronle los cavalleros que por qué no poblava aquella tierra e díxoles que la poblaría, si oviese quien lo poblase. E aquel conde don Vela de Aragón pidióle por merçed que gela diese e qu'él la poblaría. E algunos que allí estavan, que lo querían bien, dixiéronle:
Señor, áyala. (Señor, ¿está hecho?)
E el Rey dixo:
Pues áya la. (ahí hela)
E por esto ovo nonbre Ayala e llamóse conde don Vela, Señor de Ayala. E poblada aquella tierra de vascos e de latinados, morió e está sepultado en Santa María de Respaldiça

Allá por el último tercio del siglo XI, estando el Infante Don Bela Sánchez (hijo según unos del valeroso Rey de Aragón Don Ramiro Sánchez y nieto según otros), al servicio del magnánimo rey Alfonso VI de León: y habiéndose distinguido Don Bela grandemente por sus muy heroicos hechos en defensa de la patria, el monarca leonés le prometió darle tierra en que poblase.
Un día, las huestes de Alfonso VI llegaron hasta los confines de Vasconia y habiéndose asomado el rey con su comitiva á la cima de la Sierra Salvada para contemplar el paisaje que se tendía á su pie, preguntóle uno de sus cortesanos: "Señor, ¿de quien es esa tierra?", a lo cual Alfonso VI contesto: "Los vizcaínos pretenden ser suya y yo pretendo ser mía, y unos y otros por no regarla en sangre nos abstenemos de poblar en ella".
Entonces Don Bela, exclamó:"Señor habéis prometido heredarme con tierras en que poblar, y ahora habéis buena ocasión de cumplir vuestra promesa dándome la tierra desierta que tenemos a la vista. Los vizcaínos son amigos míos, pues les serví antes de serviros á vos, y no llevarán á mal que yo pueble en esa tierra".
Lo cual, oído por los cortesanos, abogaron por Don Bela, diciendo al Rey: "Háyala Señor, háyala", y el monarca vacilando en acceder á la petición de D. Bela, nuevamente los muchos caballeros que estaban presentes, exclamaron:
"Háyala, Señor, háyala", accediendo á los deseos de sus cortesanos, dijo, "pues hayála y tal nombre lleve esa tierra, en memoria de esta porfía."

Sea ó no verídico el relato de esta leyenda, lo cierto es que el infante Don Bela pobló en este valle, que desde entonces por lo menos se llamó Ayála; siendo este el fundador y primer Señor de la Casa de este linaje; hecho incontrovertible y narrado por muchos y respetables autores y comprobado además por el tosco sepulcro de la iglesia de Respaldiza, que entierra sus restos, sepulcro al que la tradición del valle, que se pierde en la oscuridad de los tiempos, ha atribuido siempre ser el depositario y guardador de las cenizas de su primer Señor, el infante Don Bela.
Siendo este el primero de los cinco linajes que componen los "Parientes Mayores", en Ayala.
Don Iñigo de Guevara pretendiendo probar la causa de la venida de D. Vela de Aragón a Castilla afirma:
Reinando en España D. Alonso VI aportó á Vizcaya un infante de Aragón llamado D. Vela, el cual vino desterrado por ser banderizo, estableciéndose en Lepuzcoa.
"elos lepuzcoanos veyéndole rico de moneda é animoso, tomaronle por capitan é guerreano á los moros é un día venció muchos moros é llamáronle al campo de la victoria, é ansí cobró un lugar en Alava, nombre de Victoria, que la batalla se dió junto al lugar, y ansí se llamó Salvatierra otra villa, porque de ella decían que salió la salvación de aquella tierra."
Este Infante D. Vela buscó gente fuerte; iban con él unos á pié y otros á caballo, y decíanse unos á otros: "anda Oñacino", y respondía otro "corre tú Gamboíno", y levantóse discordia que hoy dura aún este bando: Oñacino, es decir, peón de á pié (el de abajo); Gamboíno hombre de á caballo (el de arriba), é íba con los de á pié, por lo cual era amado de todos.
Hizo tanto contra los moros que los lanzó de la Rioja, y sabida por el Rey su virtud, envióle á llamar y le puso por capitán en la frontera, donde hizo grandes cosas, y el Rey le prometió darle la tierra de Ayala.

Juan de Amiax dice cuando trata de las casas solares situadas en jurisdicción del Obispado de Calahorra y la Calzada, en las flores del libro 3o, discurso 3, dice así:
"La casa de Ayala que es Señorío de Vizcaya la fundó el ilustre D. Vela hijo del Rey D. Sancho Ramiro de Aragón". Alonso López de Haro en la casa de Zárate, el Doctor Salazar Mendoza, el Doctor Blasco de Lanuza y la memoria que trae el Obispo D. Fray Prudencio de Sandoval, folio 1o de la primera parte de las fundaciones de San Benito, así como la de D. Iñigo de Guevara, caballero de la Orden de Santiago y Señor del Solar de su apellido en la villa de Sedano, jurisdicción del Marqués de Aguilar, y las de Argote de Molina, en el libro 1o capitulo 81, afirman igualmente que D. Vela fue Señor de Ayala, en que fue heredado por D. Alonso el VI que ganó á Toledo y se llamó por su gran liberalidad "el de la mano horadada". No puede, pues ponerse en duda que Don Bela Sánchez fué el fundador del Señorío de Ayála. En pago, no puede decirse lo mismo respecto al monarca que donó á Don Bela esta tierra para poblarla. ¿Fué como narra la leyenda, Alfonso VI de León ó fué Don Sancho el Noble de Navarra? Respetables autores apoyan uno y otro escrito.
Constituido así el Sr. D. Vela en posesión de la tierra donada por gracia de sus proezas de valor, valle de vascos y latinos, esto es de los que hablaban el vascuence y castellano. Don Vela poblaría solamente Ayala dándole un gran impulso y esplendor trayendo gentes de Vizcaya y Castellanos y no toda la región, pues por los documentos de la época y anteriores se sabe de apellidos ya radicados y anteriores a los de Ayala como Salmantón, Aquíñiga, Menagaray, Menoyo, Llanteno, Respaldiza, Murga, Olavezar, Amurrio y Quejana
De Vela Sánchez se dice fue hijo ilegitimo de Ramiro I, rey de Aragón ó su hijo Sancho Ramírez y una hermana de Alfonso VI, de la Casa de los Condes de Barcelona. No se menciona el nombre de su madre pero se sabe que los hijos del Rey Fernando y la Reina Sancha, sus abuelos maternos, citados por el Obispo Pelayo son Urraca, Sancho, Alfonso, García y Elvira. Ni de Urraca o Elvira se ha sabido que hayan tenido hijos con Ramiro de Aragón. Queda pues otra hermana, la sin nombre, posiblemente ilegitima pero sabemos que es de la misma generación de sus hijos con Sancha, nacidos entre 1033 y 1040. La unión de su madre con el rey también es una incógnita, por lo cual situar su nacimiento ha sido muy difícil, posiblemente entre 1030 y 1060 y probablemente en Navarra ya que la leyenda nos dice que éste salió de allí.
Su condición de ilegitimo generó peleas y disputas con sus medios hermanos, los legítimos del Rey y por no haber aceptado el proyecto de su familia de casarle con una princesa, habría salido "hacer armas y fortuna". Pasó primero al servicio de los Señores de Vizcaya (Don Iñigo López Esguerra ó su hijo Don Lope Díaz "el Rubio") y luego al de su tío, Alfonso, Rey de León (después Alfonso VI de León y Castilla), hermano de su madre. A su lado combatió los ejércitos moriscos en compañía de otros caballeros tan intrépidos como él. No es claro en que momento recibiría Vela ó Velasco (al parecer su verdadero nombre, pues el patronímico de sus hijos fue Velásquez y no Vélez), Ayala de manos del rey, probablemente entre 1070 y 1080.
Tras la ardua campaña, el 15 de julio de 1.099 entró triunfante acompañado de su hijo Vela Velásquez a la conquistada Jerusalén. Según Argote de Molina en el capitulo 100 del primer libro, Salazar de Mendoza en el libro segundo, capitulo segundo y Vicencio Blasco de Lanuza en el libro cuarto, capitulo veintitres, "su campaña en Tierra Santa permitió que a su escudo de armas de cinco barras rojas, heredado de su madre (las barras de los condes de Barcelona), en campo de oro, añadiera una orla de 5 cruces de Jerusalén sobre fondo azul".
Nos cita el ya mencionado Silva en el siglo XVII y Pedro Niño de Ayala, Conde de Mora en el XVI, que la Villa de Monvela (hoy Nonvela) con trescientos vecinos, fué ganada en el año 1100 por Don Vela por lo que tomó su nombre, Mon-Vela, y por armas, cuatro barras, la orla de cinco cruces de Jerusalén y adelante dos lobos en campo blanco, de donde se deduce que el infante de Aragón obtuvo esta victoria después de haber venido de Tierra Santa.
Lope García de Salazar e Iñigo de Guevara afirman, así como el Señor Silva en el capitulo sexto del libro décimo del Catalogo Real de España, folio 17, capitulo 12, sobre la población general de Salamanca, dicen que el Infante Don Vela la reedificó y pobló ya que se encontraba desolada en razón a las continuas invasiones moras. Alfonso VI ordenó a su yerno Raimundo de Borgoña e hija, Doña Urraca en 1102, su repoblación, en la cual Don Vela probablemente prestó un gran servicio. Muerto el Rey, Doña Urraca, su hija, accedió al trono en 1109. Don Vela continuó al servicio de la Reina, como lo había hecho con su padre. Sin embargo, Don Raimundo murió en 1107 por lo cual Vela fue quien continuó con la reconstrucción y repoblación, según se ha dicho, desde 1107 hasta 1124, posible fecha de su muerte.
Esta es la historia del origen del apellido Ayala. De él se derivarán muchos otros. El Escudo de Armas de Ayala original es el de Don Vela. Este se tranformará y cambiará por medio de sus descendientes. El escudo que se conoce hoy, de dos lobos, fue adoptado por don Pedro López de Ayala (1332-1407) "el Canciller", del original de los López de Haro, ascendientes suyos también.
(Relato aparecido en el libro: "Historias de Caballeros Andantes: Nuestros ancestros medievales"; Mariano Ospina Peña)