Mateo Iruegas Aldama

Nacido en salmanton en 1757, era hijo de Francisco de Iruegas y Zubiaga (Salmanton) y Antonia Xaviera de Aldama Menoyo (Quejana).
Muy joven ingresó en el ejército y a los 18 años era Guardia de Corps de la Compañía Española. Hizo gran parte de su carrera en dicho cuerpo en el que llegó al grado de Coronel en 1802. Dos años después se le concede el retiro con agregación a la plaza de San Sebastián y 12.000 reales anuales. Con motivo de la Guerra de la Independencia volvió al ejército hasta finalizar la contienda.
Junto con su amigo Miguel Ricardo Álava fue víctima de la política represiva de Fernando VII y de las venganzas personales que se mezclaron en dichas situaciones. El 25 de noviembre de 1812, Álava fue nombrado por aclamación Diputado General por las Juntas Extraordinarias y en tanto llegaba, sus funciones fueron desempeñadas por Mateo Iruegas.
En 1786 se le despachó título de Caballero de Alcántara.


Diccionario Biográfico de los Diputados Generales, Consultores y Secretarios de Gobierno de Álava (1.800-1.876)/M. Urquijo (director)

Títulos nobiliarios concedidos a personas y solares ayaleses

- Conde de Ayala: Concedido el 31 de enero de 1602 a Antonio de Fonseca y Toledo
- Marqués de San Román de Ayala: Concedido en 1798. Rehabilitado en 1916 por Juan de Urruela y Morales
- Marqués del Villar de Águila: Concedido el 3 de enero de 1687 a Juan de Urrutia y Retes, Caballero de Santiago, alguacil  mayor de la Inquisición de Méjico.
-Marqués de Respaldiza: Título carliasta, concedido por Carlos V a Andrés Vicente de Respaldiza, guardia de corps de Fernando VII
- Vizconde de Ayala: Concedido el 31 de julio de 1865 a Gonzalo González de la Pazuela y López de Ayala, Caballero de Calatrava
- Marqués de Urquijo: Concedido el 13 de mayo de 1871 a Estanislao de Urquijo y Landaluce. Le fue concedida Grandeza de España el 18 de noviembre de 1918, siendo Estanislao de Urquijo y Ussía III Marqués
- Marqués de Barambio: Concedido el 25 de noviembre de 1872 a Andrés de Isasi y Zulueta, Orúe y Salcedo
- Vizconde de Llanteno: Concedido el 26 de noviembre de 1872 a José de Murga y Reodil, Senador del Reino, Gran Cruz de Isabel la Católica
- Marqués de Linares: Concedido también a José de Murga y Reodil
- Conde de Aldama: Título pontificio concedido por León XIII: por Real Orden del 25 de octubre de 1877 fue autorizado para usar este título José Gabriel de Aldama y Camba. El 25 de abril de 1901 fue autorizado para su uso Antonio de Aldama y Mendívil
- Marqués de Aldama: Concedido el 4 de febrero de 1893 a Luis de Ussía Aldama Escubi Acha Zumelzu Larrea Aguirre y Escuza. Diputado a Cortes por Amurrio. Senador por la provincia de Álava. Le fue concedida Grandeza de España el 28 de junio de 1922 a Francisco de Ussía II Marqués
- Marqués de Ayala: Título pontificio, autorizado para su uso en España por Real Orden del 25 de abril de 1901 a Antonio de Aldama y Mendívil
- Barón de Respaldiza: Título carlista concedido por Carlos VII a José Manuel de Respaldiza y Valdivielso, gentilhombre de Su Magestad
- Marqués de Acha: Concedido el 22 de enero de 1904 a Alberto de Acha y Otañes, Cerragería y Llaguno. Gentilhombre de cámara con ejercicio, Gran Cruz de Isabel la Católica, Alcalde honorario de Ayala. Este título le fue concedido en memoría de su padre Juan de Acha y Cerragería, Gran Cruz de la Beneficiencia, fundador del instituto oftalmológico de Madrid, que donó al Estado. En 1951 lo posee Eduardo de Acha y Sánchez Arjona, sobrino del I Marqués
- Marqués de Unzá del Valle: Concedido el 20 de diciembre de 1906 a José de Velasco y Palacios, General de artillería, Diputado y Senador del reino
- Marqués de Retes: Concedido el 22 de enero de 1919 a Isabel de Urruela y Morales
- Marqués de Amurrio: Concedido el 22 de enero de 1919 a Luis de Urquijo y Ussía, Diputado a Cortes por Amurrio, Gran Cruz de Isabel la Católica, Caballero de la Orden de San Juan de Jerusalen y de la Nobleza de Madrid. En 1957 pasó a Ángel de Urquijo y Losada
- Conde de Cerragería: Concedido el 1 de marzo de 1861 como título pontificio, y declarado título del reino el 15 de diciembre de 1862, a favor de Ventura de Cerragería y Mendieta
La Tierra y Provincia de Ayala/Vicente Francisco Luengas Otaola

La torre de Perea

Con las de Ayala, Murga, Mariaca e Ibargüen, era la casa de Perea una de las 5 torres de los Parientes Mayores del valle de Ayala.
Aunque ha desaparecido tan totalmente que no queda ni memoria de ella, sabemos que se encontraba en el primitivo pueblo de Perea, el cual fue absorbido por el actual Beotegui. Se situaba en el llamado Camino de los Mulateros, por el que se llegaba desde el valle burgalés de Angulo al mar. Este camino descendía de Sierra Salvada bordeando el Pico del Aro, pasaba por Oceka, Perea y Beotegui, y alcanzaba el centro del valle justamente frente a los valles de Zuaza y Oquendo que llegaban directamente a los ríos Cadagua y Nervión.
Su situación tan privilegiada, hizo que este lugar estuviera poblado desde antiguo, figurando ya en el 1095, en el convenio del Obispo Pedro sobre los templos y  diezmos de la Tierra de Ayala, un monasterio en Perea.
Tenemos noticias de la pujanza de los señores de la torre en el siglo XIV. Tan poderosos eran, que a la llamada y al apoyo de los Perea e Ibargüen se debió el asentamiento en Álava de los Ayala de Toledo.
Como muchos otros Parientes Mayores, Los Perea ayaleses participaron también en la Reconquista. La crónica de Juan II relata la actividad guerrera del Adelantado de Cazorla Rodrigo de Perea en la frontera granadina en 1431. Posteriormente ramas de la familia se instalarán en Úbeda y en Baeza.
Los Perea dejan de citarse entre los Parientes Mayores de Ayala en los documentos del siglo XV. Fray Pedro de Murga escribía en 1646: "La Casa de Perea ha muchos años que se quedó sin suçesor y dueño; reconoce por suyo a Santo Tomás, haviendose aquella consagrado a la Yglesia con este título".
Tal aserto parece indicarnos que la torre de Perea, acaso adosada a la iglesia como muchas torres primitivas, quedó transformada en templo. Reconstruida en el siglo XVIII y demolida a comienzos del XX, no se pueden dar detalles de su estilo ni de sus elementos constructivos. Pero pese a haber quedado desierta, las probanzas de hidalguía citan la torre de Perea como solar destacado entre los principales ayaleses.
La propiedad de la torre pasó posteriormente a manos de la casa de Ayala por compra del Mariscal Garcí López de Ayala y su esposa María de Sarmiento en la segunda mitad del siglo XV.

Torres y casas fuertes en Álava/ Micaela Portilla

El moro vizcaíno y su relación con Ayala

José Mª de Murga y Mugartegui fue un curioso personaje del siglo XIX conocido como el Moro Vizcaíno y descendiente de la casa de Murga
Nació el 2 de junio de 1827 y su infancia transcurrió entre Bilbao, donde había nacido, Marquina, donde vivía habitualmente su familia, y los colegios de los Escolapios de Madrid y los Jesuitas de Loyola.
En 1843 ingresó en la Academia General Militar y su carrera militar se prolongó hasta 1861 en que pidió la licencia absoluta cuando era Capitán de Husares de Pavía. El episodio más interesante en su vida militar fue la participación en la guerra de Crimea. El exotismo oriental de la zona fue lo que le impulsó a proyectar una visita a Tánger, puesto que en Constantinopla había conocido algunos cabecillas moros que le habían provisto de notas y recomendaciones para las tribus a que pertenecían.
Con este fin, se licenció del ejército y se instaló en París donde aprendió el árabe vulgar, estudiando también física, química y otras materias. Posteriormente, en la facultad de San Carlos en Madrid, asistió a clases de obstreticia, terapeútica y cirugía menor. También se hizo con el mayor número posible de libros, mapas, etc que pudieran aumentar sus conocimientos sobre África. Con estos conocimientos y pertrechado de una serie de aparatos insólitos como un microscopio, daguerrotipos, un saca muelas y otras cosas, además de un revolver que le saco de más de un apuro, emprendió su viaje el 2 de enero de 1863.
Para no despertar recelos se hizo pasar por un renegado más de los muchos que entonces había allí, huidos de la persecución política de España. Vestido con turbante y chilaba, acompañado de un guia y un burro, pudo entrar en todas partes y escudriñar en la vida de los moros, judíos, bereberes y demás.
Su fama se fue extendiendo hasta ser considerado un santo. Dicha fama fue fruto de sus enormes recursos, como por ejemplo, la utilización en ritos exorcistas de una pila galvánica, elemento desconocido por aquellas tierras y de efectos sorprendentes. Y cuando no tenía otros recursos, empleaba lo que su ingenio le inspiraba en situaciones de apuro, como en la ocasión en que estando en la Gran Mezquita de Fez, tuvo que hacerse pasar por loco para evitar que descibriesen que era cristiano, lo que le hubiera costado la vida.
Después de 3 años, regresó de su viaje por Marruecos y escribió un libro sobre su viaje titulado: Recuerdos marroquíes del Moro Vizcaíno José Mª de Murga, el Hach Mohamed al Bagdady. Y es precisamente este libro el que nos conduce a la relación de este personaje con Ayala. En recuerdo del origen ayalés de su familia, decide enviar al Ayuntamiento de Ayala u ejemplar dedicado de sus memorias acompañado de la siguiente carta:
"Muy Ilustre Ayuntamiento de la M.N. y M.L. Tierra de Ayala. Como una ligera muestra de la alta estimación que tengo el descender de esa ilustre tierra, en la que en 1270 fundó mi Casa Solar Juan Sánchez Chicubín, célebre en la historia de Ayala, ruego a esa Ilustre Corporación se digne aceptar el libro que le remito, para que me dispense el honor de conservarlo en su Archivo. No tiene mérito alguno; es sólo el resultado de las observaciones que he hecho en mis largos y peligrosos viajes por el Imperio de Marruecos; viajes que, aun cuando trato de ocultar el objeto, los emprendí con el único fin de dar a conocer la organización de aquel país y ser útil a la Patria, si otra vez se llegase a suscitar una guerra como la que, en 1859 y 60 hizo alcanzar tantas glorias al Ejército Español. En él, he tenido la honra de servir últimamente como Capitán de Húsares de Pavía, y perteneciendo a él, tuve la muy grande de ser, en 1855, uno de los oficiales españoles que asistieron a la guerra de Crimea y uno de tantos que fueron al asalto de la célebre torre de Malakoff. Perdóneme esa Ilustre Corporación este pequeño rasgo de vanagloria de un antiguo soldado, que se precia, sobre todo, del origen de su raza, y se ofrece por servidor de los que hoy viven en la cuna de aquella, y de los que gobiernan el suelo en que nacieron y reposan muchos de sus antecesores, de los cuales, ya que no su valor y su renombre, ha heredado su Casa-Solar, José Mª  de Murga".
Para corresponder el obsequio, el Ayuntamiento decidió regalarle un antiguo chaleco de fuerza que se custodiaba en la cárcel de Respaldiza y que fue motivo de una nueva carta de agradecimiento.
El Moro Vizcaíno y su vinculación a la Tierra de Ayala/ Federico de Verastegui Cobián (1991)

Pedro López de Ayala: El Canciller Ayala

Sin lugar a dudas, el ayalés de más renombre, tanto a nivel nacional como internacional, es Pedro López de Ayala, conocido como el Canciller Ayala. Nació en 1332, aunque no se sabe exactamente donde, siendo una de las posibilidades que se barajan Quejana. Fueron sus padres Fernán Pérez, también una figura importante en la historia de Ayala, y Elvira de Ceballos. Su educación discurrió en sus primeros años entre la tierra de Ayala y Toledo, a donde fue llamado por su tío abuelo el cardenal Barroso.
Esta estancia en Toledo le permitió obtener una buena formación cultural en sus primeros años. Gozó de un ambiente intelectualmente selecto y se aficionó a la lectura, afición que mantuvo el resto de su vida. En esta época inicia la carrera eclesiástica que deja a la muerte del cardenal. Entonces se traslada a Avignon, lo que le permite conocer a los clásicos,a la vez que aprende griego y latín.
A partir de 1353 comienza su carrera política al lado de Pedro I "El Cruel". En 1360, este rey recompensa sus servicios nombrándole Alguacil Mayor de Toledo. Sin embargo, 6 años después, el futuro Canciller se cambia al bando de Enrique de Trastámara, hermanastro de Pedro I  y pretendiente al trono de Castilla. El señor de Ayala permanecerá fiel a este nuevo rey y a sus sucesores hasta su muerte.
En 1372 comienza su actividad diplomática en nombre de Enrique II de Trastámara. Es en este momento, cuando a consecuencia de la participación de Castilla en la Guerra de los Cien Años y en la política europea del siglo XIV, la flota castellana obtiene la importante victoria de la Rochelle, que abre a las naves castellanas las rutas comerciales de Flandes, siendo López de Ayala uno de los componentes de la legación castellana encargada de fijar políticamente los beneficios de esta victoria.
A partir de entonces, su vida será un continuo viajar entre Castilla y París con la misión de afianzar la alianza entre Francia y Castilla. Se puede decir de Don Pedro que se encuentra presente en los grandes frentes de la política castellana de la segunda mitad del siglo XIV. Su personal talante negociador y el conocimiento del francés y del latín lo convierten en una persona muy apta para la política internacional castellana que Enrique II y sus sucesores Juan I y Enrique III, supieron aprovechar.
En 1383, en la batalla de Aljubarrota contra los portugueses, Don Pedro es hecho prisionero durante varios meses hasta que se paga el rescate. En este tiempo escribió el Libro de la Caza y muchas estrofas de su obra poética Rimado de Palacio.
En 1398 es nombrado Canciller de Castilla, cargo con el que llegó al cenit de su carrera política al haber conseguido alcanzar el puesto más alto de la administración castellano-leonesa. En este momento, se retira al monasterio jerónimo de San Miguel del Monte que él mismo había fundado, cerca de Miranda de Ebro. Murió en Calahorra en 1407, a los 75 años de edad, siendo Señor de Ayala y Salvatierra, de Arceniega, Llodio y Orozco.
Según se dice, era Ayala "un hombre sereno y calculador, no dado a exaltaciones vehementes, ni a acciones violentas. ni tampoco se aprovechó de su situación de privilegio para enriquecerse provocando la envidia y el descontento de los demás". De hecho, no se tienen noticias de usurpaciones que empañaran su imagen o crearan conciencia de hombre pendenciero, sino mas bien, la que nos ha sido transmitida es la de un consejero ecuánime, un diplomático eficiente y no muy buen soldado.
Pero a pesar de la gran importancia que tuvo como político, destacó sobre todo por sus obras literarias. Sus principales obras son: Libro de la caza de las aves, Crónicas de los reyes de Castilla: Pedro I, Enrique II, Juan I y Enrique III, y el Rimado de Palacio. Además tradujo numerosas obras al castellano: Las Décadas de Tito Livio, Los Morales de San Gregorio, De Consolatione de Boecio, La caída de los príncipes de Bocaccio, De summo bono de San Isidoro y La Historia de Troya de Colonna.
En opinión de algunos autores, su obra Crónicas de los reyes de Castilla es la que ha conseguido perpetuar su nombre ya que gracias a ella se le considera el primer historiador moderno.
También es importante su labor de patronazgo artístico. Será en los años finales del siglo XIV cuando comienza esta actividad con la construcción de la capilla de Santa María del Cabello en Quejana y el conjunto que esta acoge: el retablo, el frontal del altar y el sepulcro. Todos ellos se agrupan en la capilla del torreón y se ejecutan en las mismas fechas, respondiendo al interés de crear un ámbito funerario apropiado donde reposar definitivamente.