Emigrados de la familia Del Campo Menoyo de Añes a América

Los padres, Gregoria y Máximo, vivían en el caserío Orzanico de Añes con todos sus hijos. La familia era numerosa y sobre todo compleja dado que Máximo se casó cuatro veces. Con las dos primeras mujeres no tuvo familia, con la tercera, tuvo cuatro hijos: Atanasio, Jacinto, Emilia y Eusebia. Con la cuarta tuvo seis: Emeterio, José, Andrea, Macario, Gregorio y Ángeles.
Gregoria Menoyo
 La explotación del caserío no proporcionaba recursos suficientes para mantener a toda la familia. Ésta era una situación habitual de aquella época, por lo que no era inusual que los hijos varones emigraran a otras tierras en busca de un trabajo que les permitiera hacer un capital con el que volver a España y establecerse dignamente o bien retirarse.
En el caso de la familia del Campo comenzaron a emigrar los hijos mayores, Atanasio y Jacinto. Eligieron como destino Cuba y hacia allí embarcaron juntamente con sus primos los Cuadra. Tenían 15 y 13 años. Una vez en Cuba se establecieron en el municipio de Consolación del Sur y tras mucho trabajo y esfuerzo consiguieron abrir una tienda, más bien un almacén de suministros. Una especie de Corte Inglés a la cubana donde los habitantes del lugar podían comprar de todo y en el que además había suministros agrícolas y ganaderos para las granjas.
Los inicios fueron muy duros y la vida se reducía al trabajo. Vivían en la misma tienda durmiendo encima del mostrador o sobre los sacos de grano o de harina y se trabajaba todo el día, sin horario, descansando únicamente el domingo. De Atanasio, el mayor de los del Campo, tan sólo sabemos que murió en la guerra de liberación de Cuba. Jacinto murió en una pelea por una mujer.
Aquel tipo de vida, con el trabajo como único objetivo, agotaba física y psicológicamente a sus protagonistas. Periódicamente volvían a España a descansar durante varios meses o bien se retiraban relativamente jóvenes. Para perpetuar el negocio, la retirada de los mayores se simultaneaba con la incorporación de miembros más jóvenes de las familias Del Campo-Cuadra. En 1908 se incorpora José del Campo, y dos años más tarde en 1910, Macario del Campo.
A pesar de que el negocio había prosperado, los recién incorporados se sometían al mismo ritmo de vida que los fundadores, viviendo y durmiendo en el almacén. Con el transcurrir de los años José y Macario fueron subiendo de categoría convirtiéndose en los “mayores” del negocio.
Macario y su esposa
 En 1921, Macario lleva 11 años en Cuba y regresa a descansar a España. A su vuelta lleva a su hermano pequeño Gregorio. Poco después de la llegada de ambos, Macario enfermó de tifus. Como estaba muy grave y la atención médica en Consolación del Sur era casi nula, deciden trasladarle a una clínica de La Habana. En una camioneta en condiciones bastante precarias, Gregorio acompaña a su hermano en el viaje. Durante el camino Gregorio bebió gaseosa de la misma botella que Macario y se contagió contrayendo a su vez el tifus. Macario superó la enfermedad, pero desafortunadamente, Gregorio murió en la clínica. Macario, en 1929 regresó definitivamente a España, dejando como administrador de sus fincas y bienes a Eugenio Aldama, su socio y sobrino de Juan Cuadra.
En Añes está la ermita de San Sebastián, de la cual ya hay datos en 1646. En 1858 es reedificada por Pedro de Angulo y en 1926 es Gregoria Menoyo quien la reedifica en memoria de su esposo Máximo Campo. Es casi seguro que el dinero que permitió este arreglo proviene de las partidas que mandan desde Cuba los hijos del matrimonio. En la actualidad esta ermita se encuentra en bastante mal estado.
placa en la ermita de San Sebastián de Añes
Fuente: Para que no se olvide/Isabel Barcina

Ermita de San Nicolás de Bari

Esta ermita está situada en el barrio de Iza, en el camino que une Menagaray con el santuario de la Blanca en Llanteno.
Se trata de una construcción sencilla que cuenta con un retablo del siglo XVII,  posiblemente procedente de otro lugar, que bien pudiera ser la cercana ermita de la Blanca, ya que por los temas de sus pinturas parece haber estado dedicado a la virgen. 
Entre las pinturas que figuran en el retablo destacamos, en el banco sobre el que descansa, las figuras de cuerpo entero de Santa Lucía y Santa Apolonia en el lado izquierdo, y en el derecho, las de Santa Catalina y Santa Úrsula; estas últimas pinturas, en figuras de medio cuerpo, son de mejor calidad que las del lado opuesto.
En las calles laterales del nicho donde va la imagen del santo titular, hay dos pinturas de la anunciación y la Visitación. La primera, muy popular, situada en el costado izquierdo es de menor arte que la de la Visitación.
La imagen de San Nicolás, restaurada recientemente, fue enviada desde Madrid por Francisco Antonio de Echávarri al reedificar la ermita. Se trata de una talla del siglo XVIII, expresiva y bien trabajada en su rostro, manos y barba.
Se documenta esta ermita en los libros parroquiales a partir del siglo XVII, sin embargo, a mediados del siglo XVIII se encontraba muy deteriorada. En la visita pastoral de 1757 reconocía el visitador que desde hacía algún tiempo se hallaba "profanada", sirviendo de pajar, por lo que ordenaba su demolición, poniendo en su lugar una cruz. Es entonces cuando se ofrecen para reedificarla Francisco Antonio y Domingo de Echávarri, hermanos residentes en la Corte de Madrid y en la ciudad de Toledo.
Pero en el siglo siguiente, posiblemente por su distancia del pueblo, vuelve a encontrarse en estado ruinoso, aunque una vez más vuelve a salvarse del derrumbe. Después de muchos años abandonada, en 1982 volvía el culto a la ermita tras su restauración celebrándose misa el día de la fiesta de su santo titular.

Catálogo monumental de la Diócesis de Vitoria/Micaela Portilla

Encuentro experimental de Haizeolak en Llanteno

Entre los actos organizados para celebrar el 25 aniversario de la Escuela Artística Valle de Llanteno se organizó durante el último fin de semana de junio un encuentro experimental de haizeolak para mostrar un pasado desconocido de la zona. 
Los topónimos, los lugares de extracción de mineral y los restos de haizeolak sin excavar, demuestran que en este valle del río Ibaizabal el proceso  preindustrial de obtención de hierro ocupó un lugar destacado. Proceso, que posteriormente, continuó con sistemas más avanzados en la ferrería hidraúlica de Lezalde, de la que se conserva documentación escrita y pequeños restos físicos de su existencia.
Las haizeolak, ferrerías de monte, son pequeños hornos para la obtención de hierro excavados en las laderas de los montes, ocupando pequeños rellanos cerca de un arroyo o fuente. Son toscas construcciones de forma cilíndrica realizadas con piedra arenisca unida con arcilla y revocadas por el interior con sucesivas capas de arcilla mezclada con hierba o paja.


Tenían una parte del horno enterrado en el suelo y en el fondo del mismo un canal para permitir la salida de las escorias. Las paredes, una vez que sobresalen de la tierra, se van estrechando para formar  la característica chimenea troncocónica. Un pequeño orificio en la base, llamado tobera, es aprovechado para insuflar aire mediante fuelles y avivar el fuego.
Estas rudimentarias construcciones humeantes fueron utilizadas en nuestro entorno desde el siglo III hasta el siglo XIII, y probablemente en fechas posteriores.
La finalidad de estos hornos, de pequeño tamaño pero de gran capacidad calorífica, era conseguir hierro por el método de reducción directa. Partiendo del mineral extraído de las minas se conseguía un hierro dúctil y de calidad, que permitía un fácil forjado.
El proceso de elaboración, brevemente descrito, era el siguiente: Sobre una base de carbón encendido, se introducen en el horno capas alternas de mineral de hierro (mena) y carbón vegetal, manteniéndolo encendido y avivando el fuego hasta alcanzar la temperatura necesaria para que las escorias pasen a estado líquido y una parte de ellas resbalen por el canal inferior ladera abajo. Sobre las escorías que quedan en el fondo del horno, se va formando la esponja de hierro (agoa) de la que tras su extracción y un delicado proceso de compactación, se eliminan las impurezas a base de golpes.
Con estos pequeños tochos de hierro, una vez forjados a yunque y martillo, se realizaban todo tipo de útiles, herramientas, armas, etc.
El interés del herrero Luis Padura por recuperar este proceso y el entusiasmo de los componentes de la Escuela Artística y del pueblo de Llanteno por conocer su pasado, han hecho posible que una ferrería de monte vuelva a producir hierro según un procedimiento preindustrial.

Documentación: Escuela Artística Valle de Llanteno

Lujo

Este aislado pueblo, en medio de los caminos naturales que por los ríos Llanteno e Izalde descienden de Sierra Salvada al centro del valle de Ayala desde Añes y Lejarzo o Menoyo y Quejana, siempre se ha caracterizado por su escasa población. Sus recursos siempre han sido escasos, como lo muestra la documentación del siglo XVI en la que se indica que la renta anual de la parroquia era de 9 fanegas de grano, una de manzanas, un cordero y medio y 179 maravedís, una de las más bajas entre las parroquias de la Tierra de Ayala.

Durante todo el siglo XVI su población se compone de 6 vecinos, que ascienden a 10 en el siglo siguiente. En el censo de 1789 se computan 59 habitantes “todos labradores e hidalgos”. Durante el siglo XIX mantiene su población que desciende a partir de inicios del siglo XX, cuando de los 10 edificios del lugar sólo se habitaban 4 con 16 habitantes. A mediados de siglo la población había ascendido ligeramente a 24 habitantes, número reducido a 7 en 1970 y a 4 en 1986. En la actualidad sólo vive en Lujo una familia dedicada a la ganadería.

Una de las actividades principales de este pueblo ha sido la cantería, con la existencia de varias canteras de las que se extraían piedra y losas. Esta actividad queda reflejada en la construcción de los edificios del pueblo, con finas labras en muros, sillares, aleros y suelos enlosados.

Lujo no ha contado nunca con escuela, acudiendo los niños al vecino pueblo de Erbi, del cual también dependía el servicio de la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción. este templo de nueva planta fue realizado por Domingo de Dureda en 1745 y el retablo se colocó en 1750. También existió una ermita  dedicada a Santa María Egipciaca, la cual, en la visita pastoral de 1791 se encuentra en tal mal estado, que el obispo disponía que de no repararse, debería demolerse.


- Catálogo Monumental de la Diócesis de Vitoria: Las vertientes cantábricas del Noroeste alavés/Micaela Portilla.

Erbi


Este pequeño pueblo, sobre el que pende desde hace años la amenaza de la desaparición por la construcción de un pantano para abastecer de agua a Bilbao, hunde sus raíces en la historia más antigua de Ayala. Así, en la carta de donación de tierras e iglesias del conde Diego de Porcellos al monasterio de San Félix de Oca, fechada el 21 de mayo del año 864, figuran entre otros el pueblo de Ervico.

En 1556 encontramos nominada ya la parroquia de San Juan de Erbi con una ermita, seguramente la de Santa Cruz de Pando. Servían entonces en dicha parroquia tres clérigos beneficiados que percibían sus diezmos en trigo, corderos y quesos; los mismos productos, propios de una localidad rica en monte, figuraban en la década anterior en un censo de rentas y frutos decimales fechada en 1542, a los que se añadían los diezmos de habas y manzanas, recursos principales de Erbi en el siglo XVI.

El pueblo estaba formado por varios barrios dispersos: barrio La Llana, caserío Solallana, barrio de San Juan, centro del pueblo en el que se sitúa la parroquia, barrio Albiturria, barrio Gotara, barrio Ibarra, caserío Lujatea, caserío la Cerrada y el barrio Uría. Todos ellos disponían de fuentes y había 2 molinos harineros, según recoge el Diccionario Gecográfico-Estadístico-Histórico de Madoz. En 1883 se transforma en escuela la antigua ermita de Santa Cruz de Pando.

Su población ha fluctuado a lo largo del tiempo. A mediados del siglo XVI contaba con 22 vecinos, cifra que había aumentado a 24 pagadores enteros, cuatro medios y un cuarto en el censo de 1562. En el censo de Floridablanca de 1786 aparecen 109 habitantes, todos hidalgos y labradores. En el siglo XIX se contabilizan 25 vecinos que se reducen a 12 vecinos y 64 habitantes al comienzo del siglo siguiente. En 1930 vivían en el lugar 46 habitantes, en 1950 eran 54, que en 1973 se habían reducido a 23, 15 en el censo de 1983 y 12 en 1986, y en la actualidad su población es todavía más reducida.

Como todos los pueblos de Ayala, tuvo su cuota de emigrantes. Así tenemos como ejemplos a Mariano, Petra y Rosario Basualdo Elejalde que se trasladaron a Méjico; Pedro Mª Angulo Belaunde que fue a Montevideo; Nicolás del Campo Isasi que se instaló en Támpico; Juan y Manuel Irabien que emigraron a la ciudad de Méjico o Manuel y Pablo Mendia Angulo que vivieron en La Florida (Montevideo).


- Catálogo Monumental de la Diócesis de Vitoria: Las vertientes cantábricas del Noroeste alavés/Micaela Portilla.
- Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar/ Pascual Madoz.
- Ayaleses en América (Sin publicar).

Torre de Echavarri en Costera

Poco se puede contar sobre esta torre ya que apenas está documentada. Micaela Portilla, en su obra Torres y Casas Fuertes en Álava, dice:
En el valle de Ayala, y en el lugar de Costera, podemos documentar una torre que, aún en el siglo XVIII, dominaba, desde la ladera del poblado, los caminos de Llanteno a Sojo, Reters, Erbi, Lejarzo y Añes, rutas primitivas de la sierra al valle por el curso del río LLanteno.
Estuvo situada esta torre en el barrio de Echavarri, existía en 1730 y debió ser solar de una de las muchas ramas del tronco de Murga esparcidas por el valle.
El único dato que nos habla de la Torre de Costera es la hipoteca de una heredad en el mismo lugar y barrio, propiedad de Ventura de Menoyo y María de Mendico, su mujer. El documento fechado el 23 de octubre de 1730, sitúa expresamente la finca hipotecada en el barrio de Echavarri, "detrás de la torre de Thomas de Murga".
Pese a tan breve noticia, debemos considerar la torre de Costera como un hito más entre las que flanqueaban el paso entre los valles de Losa y Ayala, con el monasterio de San Vicente de Añes en la entrada ayalesa. Este monasterio, que unido al de San Millán, se contaba entre los más antiguos de la provincia, y su templo, uno de los más interesantes y primitivos del románico ayalés son exponentes de la importancia del camino dominado por el flanco abrupto donde se asienta Costera y se levantó su torre.
En la actualidad, una puerta y una ventana de arco apuntado, así como un viejo laurel, tan presente junto a muchas torres ayalesas, puede indicarnos el lugar del emplazamiento de la torre en Costera.

Caserío del barrio de Echavarri en Costera con posibles restos de la torre.

Torres y Casas Fuertes de Álava/ Micaela Portilla
Ayala, Pueblos y Caminos/Ritxar Aguirre, Luis Padura y Enrique Arberas

Conde de Cerragería

En el pueblo de Respaldiza se halla el palacio solariego de la familia Cerragería, una de las más distinguidas de Ayala, cuyos miembros ostentaron muchas veces los cargos honoríficos de la Tierra. En este palacio nació el 14 de julio de 1796 Ventura de Cerragería y Mendieta, I Conde de Cerragería.
Los Cerragería obtuvieron reales cédulas de nobleza expedidas por la Real Chancillería de Valladolid en 1577 y en 1818 y los Mendieta en 1762.
Ventura de Cerragería fue elegido en 1819 diputado del Ayuntamiento de Burgos y al año siguiente miembro del Consulado de Comercio, a cuyo gremio pertenecía. En 1821 se le nombró juez de de aquel tribunal de comercio y a fines de ese año, cuando apenas había cumplido 25 años, Alcalde Constitucional, cargo que desempeñó durante el año 1822, ejerciendo las funciones de Jefe Político de la Provincia. En 1823 fue nombrado vocal de la junta particular de Gobierno del Real Consulado de Comercio.
En 1824 se traslada a Santander donde abre una casa de comercio, siendo durante 20 años uno de los 12 mayores contribuyentes. En 1830 es nombrado teniente de la 1ª Compañía del Batallón de Milicia Nacional voluntaria de Santander. En 1832 es nombrado vocal de la Junta de Comercio de Santander. En 1834 es nombrado Síndico General y Alférez Mayor de la ciudad. El mismo año obtuvo Real Despacho de capitán de la 2ª Compañía de la Milicia Urbana de Santander. En 1838 fue nombrado Comandante de dicho cuerpo, cargo que ocupó hasta 1843, año en el que se traslada a Madrid a tomar asiento en el Congreso como Diputado a Cortes por la provincia de Santander, cargo para el que fue reelegido varias veces.
En 1845 fue nombrado socio del Instituto Industrial de España. En 1846, la reina Isabel II le concedió la Cruz de la Orden de Carlos III. Fue nombrado senador del reino en 1851 y designado consejero de la administración del Banco de España en 1855. Fue uno de los fundadores de la Sociedad Española Mercantil e Industrial.
En 1861 el papa Pío IX, en testimonio de aprecio y gratitud, le concede el título de Conde de Cerragería para si y sus descendientes, título que sería reconvertido en título del Reino. En 1866 se le concedió la Gran Cruz de Isabel la Católica.
Murió en Madrid el 19 de septiembre de 1867 y le sucedió en el título su hijo José Manuel de Cerragería y Callo de Alcántara, nacido en Santander en 1824. 


La Tierra y Provincia de Ayala/Vicente Francisco Luengas Otaola
Fotos de Ritxar Aguirre del libro Ayala, pueblos y caminos: Escudo y palacio de Cerragería en Respaldiza

Algunos datos sobre la edificación de la Torre de Murga

Los señores «de la guerra y de la tierra» vieron en el paisaje una fuente de recursos económicos sobre los cuales extender su dominio y, en la casa-torre, la forma idónea de articular el control de ese territorio en beneficio propio. La construcción de uno de estos edificios era, ante todo, la expresión de una voluntad de dominio formulada en clave espacial. Así, a mediados del siglo XIV, los Murga pretendieron hacer indiscutible su poder sobre la zona meridional del valle de Ayala.

Este dispositivo de poder señorial estaba diseñado principalmente para atender a necesidades militares. La estructura del recinto y su distribución espacial estaban pensadas para poder llevar a cabo una resistencia efectiva ante el enemigo y sólo en segundo lugar, para atender a las necesidades domésticas, reservándose un hueco considerable a la vivienda del señor.

Aquellos que vivían en su interior no tenían otra opción que la de aceptar unas condiciones de habitabilidad impuestas, lo cual incidía, no sólo en la funcionalidad que adquiría cada uno de los espacios del interior del inmueble, sino sobre todo, en la forma en que se producía el juego de las relaciones sociales. La torre fue el producto de una sociedad bajomedieval en crisis, y, al mismo tiempo, uno de los factores clave en el modelado y perpetuación de su estructura.

Físicamente, la torre de Murga era un recio edificio de planta rectangular que alcanzaba más de 11 metros de altura. El aparejo de su fábrica era, y es, de mampostería caliza donde se alterna el material extraído de cantera por capas naturales con el material semielaborado (bozze), siguiendo hiladas más o menos regulares, aunque sinuosas. Los esquinales y recercos de vanos están realizados en sillares calizos de grandes dimensiones. La argamasa que cohesiona toda la obra es muy dura, abundante en cal y áridos. El grosor de sus muros en la base oscila en torno a los 1,35 metros, y todo ello se asienta sobre el nivel de roca natural, sin mediar solución de continuidad que funcione como zanja de cimentación.

El interior de la torre estaba dividido en tres pisos, comunicados por medio de escaleras. En la planta baja, presentaba cuatro pequeñas saeteras (enfrentadas dos a dos en los muros este y oeste); en la primera planta, según se ha podido constatar, sólo una saetera (como único vano además de la puerta de acceso) ubicada en el cierre norte, junto a la esquina noroeste. La segunda planta, contaba con cuatro vanos, rematados en arco de medio punto; los de este nivel están centrados en cada uno de los paños, y a pesar de ser algo mayores que los de la planta baja, siguen siendo de reducidas dimensiones. La tercera planta correspondía al cadalso, que destacando sobre la línea de desplome de los muros de la torre, coronaba el edificio en todo su perímetro.

No existía ningún acceso directo por la planta baja; la única entrada de la torre se encontraba en alto, en la primera planta del paño sur. En un primer momento, a este ingreso se llegaba ascendiendo por una escalera de madera construida pegada a la fábrica, aunque poco después ésta fue sustituida por otra de piedra y rodeada de un muro defensivo. El entramado de madera que divide el interior de la torre en la actualidad no es el que corresponde a la fábrica original. Aunque en sus rasgos fundamentales coincide con aquél, el análisis detenido de las ménsulas y mechinales que han quedado fuera de uso ha permitido poner de manifiesto importantes diferencias en la distribución y comunicación de los espacios, vitales para interpretar su funcionalidad.
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La simbiosis entre la estructura lígnea y el trabajo de albañilería de los paños perimetrales que se desprende de la articulación entre aparejo, huecos y apoyos, es total. De la forma y configuración de los mechinales se desprende, por ejemplo, que el trabajo de carpinteros y albañiles evolucionaba a la par. Planta por planta, los muros de mampostería crecían al tiempo que el esqueleto interior de madera. Las vigas maestras se hacían trabar con la fábrica como si de un mampuesto más se tratase, lo cual dotaba al edificio de una gran robustez constructiva. Tanto es así, que parece probarse, no sólo en este caso, que es la longitud máxima que pueden alcanzar las vigas maestras (es decir, la longitud máxima aprovechable de un tronco), la que determinaba la forma en planta, y por tanto el desarrollo volumétrico de las torres. Por ello, las dimensiones del lado corto de los torreones de planta rectangular y del lado único en los de planta cuadrangular, oscilan siempre en torno a los 11 metros de longitud, dependiendo del grosor de los muros.

La torre banderiza (siglos XIV al XV). La fábrica original se data a mediados de siglo XIV. Se trata de una obra de mampostería regularizada, que, con planta rectangular de 8,5 x 12,15 metros, superaría los 11,8 metros de altura. En el momento de la construcción, la división interna del edificio contaría al menos con cuatro niveles de habitación, y quizá uno más, desaparecido junto con el cadahalso, cuando se construye, en época moderna, el remate de ladrillo. Contaba con un único acceso situado en la primera planta, al que se llegaba mediante un patín de madera desmontable. La organización del espacio interno está rígidamente determinada por la función defensiva de la torre.


El palacio (mediados del siglo XVI). A mediados del siglo XVI se añade una construcción adosada al este de la torre. El nuevo edificio es de planta rectangular y su superficie es de 8 x 16 metros por 8 metros de altura, divididos en dos plantas. Está realizado en mampostería, con esquinales y vanos de sillería. La construcción de este palacio supone la proposición espacial de un nuevo orden de cosas. Nos encontramos ante un edificio en el que desde un principio prima la horizontalidad frente a la verticalidad, donde la organización en dos plantas consigue reducir al mínimo el uso de escaleras, ganando en comodidad.

La ampliación del palacio (finales del siglo XVI). A finales del siglo XVI, el palacio se modifica y se amplía hacia el sur y el oeste, enmascarando definitivamente el cuerpo de la torre banderiza. El nuevo añadido se diferencia netamente del antiguo, y se compone de dos plantas y una bajocubierta. La planta baja está realizada con sillares bien labrados dando forma a una amplia y bella arquería. La primera planta se construye en ladrillo, que se enluce con una pintura, imitando a su vez las hiladas de ladrillo. Sus lados Sur y Oeste tienen, respectivamente, 18 x 16 metros y la misma altura que el palacio anterior.

El palacio como caserío (a partir de mediados del siglo XVII). Con el abandono de la torre como lugar de residencia habitual de los señores, el conjunto no sufre nuevas modificaciones de envergadura pero sí numerosos pequeños cambios y obras que denotan una nueva funcionalidad. En esta fase, el conjunto, a pesar de seguir siendo de titularidad señorial, pierde su categoría de residencia nobiliaria, cuando se traslada la familia que dio nombre al solar.


Claves para el conocimiento de la configuración espacial de una torre banderiza: la torre de Murga (siglos XIV-XV)/ Ismael García Gómez
Cortesia de Federico Verástegui

Estudio arqueológico de la Torre de Murga